miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Empieza a recuperarse la economía española?

Dejando a un lado el sempiterno triunfalismo de este gobierno, podría haber signos de recuperación económica en España. Parece haber cierto consenso entre observadores británicos del mercado inmobiliario español en que dicho mercado podría estar rebotando después de tocar fondo. Esto contradice las previsiones del gobernador del Banco de España hace menos de un año, quien predijo una reducción inevitable de precios de en torno a un 40 ó 50 por ciento por debajo de los niveles anteriores a la crisis. Por una vez, y sin que sirva de precedente, en esta cuestión habría estado yo de acuerdo con el gobernador. Los precios han descendido mucho más levemente que todo eso y, sin embargo, los británicos insisten en que hay mayor actividad en tres lugares estratégicos: la zona de Marbella, Alicante y la isla de Mallorca. En otros lugares, el mercado permanecería deprimido por más tiempo. Después de todo, en Marbella, en Benidorm y en Calviá (Mallorca) empezó el boom inmobiliario en la década de 1960, cuando Manuel Fraga lo propició desde la cartera de Información y Turismo.

Otros signos son más desconsoladores, empero. El paro sigue aumentando; bueno, se trata de un indicador retrasado de la coyuntura: el empleo únicamente mejora cuando todo lo demás ya lo ha hecho. Más preocupante – por lo que tiene de anuncio de renovadas dificultades, y con ellas más paro, más adelante – es la caída en picado de la venta de automóviles, casi en una cuarta parte desde el registro de hace un año. El automóvil ejerce una demanda derivada sobre numerosos sectores auxiliares, desde la siderurgia y los neumáticos hasta los componentes electrónicos, pasando por el vidrio, salpicaderos de pvc y tapicerías de polipiel. Si la situación se prolonga, todos estos sectores (y otros, cuya enumeración sería prolija) van a expulsar mano de obra muy pronto.

El gobierno ha acertado a cerrar un acuerdo económico y social con patronal y sindicatos, enlazado con la reforma de las pensiones. En conjunto, puede haber dado a los mercados la sensación de estar haciendo algo. Muy poco, desde luego, puesto que cien mil empleos es medio punto porcentual de la población ocupada, con lo que la tasa de paro no bajaría del 20 por ciento. Pero menos da una piedra. Sin embargo, las incertidumbres siguen siendo grandes. Sobre todo, en el sector bancario, donde el gobierno ha empezado con reformas demasiado blandas (las fusiones frías entre las cajas de ahorros) y demasiado tarde. Sólo las cajas tienen 38.000 millones de euros en viviendas embargadas por impago de hipotecas; hay otros 60.000 millones de crédito promotor dudoso o subprime, que podría elevar el exceso de oferta inmobiliaria a casi cien mil millones. Las cajas retienen la salida de ese exceso de oferta al mercado, pero la falta de liquidez podría obligarles a actuar de otra forma. Todo eso, sin contar con los números que puedan afectar a los bancos. Si las cartas vienen mal dadas, la débil claridad que se observa en el mercado inmobiliario, mencionada más arriba, podría volver a verse desplazada por nuevos nubarrones, acercando la situación de España a la de Irlanda el otoño pasado.

Y con todo, queda la buena impresión de Davos. El panel de expertos consultados durante la celebración de ese foro económico, cree por mayoría que Grecia e Irlanda suspenderán pagos en un plazo de pocos años, pese al soporte dado por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea. Los expertos están divididos casi por la mitad en la cuestión de si Portugal se les unirá. Pero la mayoría cree que España podrá pasar sin suspender pagos. Ojalá, aunque tengo mis dudas. De cualquiera de las formas, nos esperan años, y no sólo meses, muy difíciles.

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@purgatecon

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