sábado, 12 de febrero de 2011

Turquía le gana la partida a Israel

Durante lustros, Turquía fue el principal amigo de Israel en la región, aunque sólo fuera porque era la única democracia. Egipto era más bien un lacayo, del que Turquía estaba enemistada debido a la complicidad de Mubarak con el bloqueo de Gaza, destinado a ahogar el gobierno de Hamas, rama palestina de los Hermanos Musulmanes; la rama egipcia mantiene estrechas relaciones con el partido de la Justicia y el Desarrollo, que gobierna Turquía. En un difícil equilibrio, Erdogan, el premier turco, cultivó la amistad de Israel con objeto de “dulcificar” el trato a los palestinos. Los ejércitos israelí y turco cooperaron estrechamente, Turquía adquirió sistemas de armas de Israel y las inteligencias de ambos países intercambiaron información con fluidez.

La Operación Plomo Fundido (Cast Lead), en diciembre de 2008 a enero de 2009, con más de mil víctimas, en su mayoría civiles, cambió radicalmente la percepción turca de la situación. Pocas semanas después, Erdogan protagonizó en el foro de Davos un agrio enfrentamiento con el presidente israelí, Shimon Peres. Luego el primero, en comandita con Lula da Silva, se aproximó a Ahmadinejad, y trató de mediar entre Irán y Occidente. Finalmente, en mayo del año pasado, Turquía patrocinó una expedición humanitaria por mar para romper el cerco de Gaza. Comandos israelíes la asaltaron en aguas internacionales, abrieron fuego y mataron a nueve activistas por la paz. Turquía exigió disculpas de Israel, pero Netanyahu, el premier israelí, declinó despreciativamente la petición. Una comisión interna acaba de exculpar al mando israelí.

Turquía ha influido considerablemente en la creciente moderación de los Hermanos Musulmanes. Con el tiempo, la ambición de Erdogan es fundar una réplica islámica de la democracia cristiana europea. En esta crisis, el bajo perfil de los islamistas egipcios deja entrever la mano de sus socios turcos. Los resultados justifican plenamente la estrategia turca. Pase lo que pase, los Hermanos Musulmanes no podrán ser marginados de la política egipcia. Con Mubarak y – previsiblemente – Suleimán alejados del poder, Egipto no va a continuar “sellando” la frontera de la franja de Gaza. Al mismo tiempo, los islamistas egipcios tratarán de influir en sus Hermanos palestinos, mientras Turquía contunúa tratando de romper el bloqueo (hay una segunda flotilla programa para mayo de este año), todo lo cual contribuirá a persuadir a Hamas a que abandone la violencia. Por otra parte, la inteligencia turca intentará reemplazar al Mossad como socio de la inteligencia egipcia. La soledad de Israel, política, diplomática, militar y de inteligencia, aumentará.

En verdad, lo increíble parece, en este momento, posible: que cambie radicalmente el escenario estratégico del Próximo Oriente, y que ese cambio sea favorable a la paz.

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