martes, 2 de marzo de 2010

La subida del IVA

José Antonio Alonso, portavoz del grupo parlamentario socialista en el Congreso, entrevistado por Iñaki Gabilondo, disertó anoche en TV sobre la subida del IVA. Alonso justifica la medida del siguiente modo. La subida del IVA animará a los consumidores a anticipar sus compras, toda vez que los productos serán más caros a partir de julio; y esa anticipación reanimará la economía en el primer semestre. Veamos.

El objetivo último del gobierno es aumentar la inversión empresarial. Si aumenta la inversión, aumentarán el empleo, la renta agregada, la demanda efectiva y así sucesivamente, en lo que los economistas llaman efecto multiplicador. Ahora bien, la inversión es igual a los beneficios empresariales menos el consumo de los empresarios más el déficit exterior de la economía española más el ahorro de los asalariados menos el déficit público. En otras palabras, la inversión aumenta cuando lo hacen los beneficios (lógico, ¿no?) y el déficit exterior (menos evidente, pero cierto) y se reduce cuando aumentan el consumo de los empresarios (¿podría ser de otra manera?) y el déficit público (porque inversión privada y déficit público compiten por el ahorro nacional). Por otra parte, la contabilidad nacional afirma que la inversión aumenta también cuando lo hace el ahorro de los asalariados. El problema es que, como los asalariados están desconectados de las decisiones de inversión, el aumento inducido de ésta se traduce en simple acumulación de stocks, es decir, en inversión empresarial involuntaria: uno de los síntomas característicos de la crisis.

Ahora volvamos a la lógica de la subida del IVA. El gobierno sabe que el déficit público frena la recuperación de la inversión empresarial, y conoce que la crisis ha hecho aumentar el ahorro de los asalariados, que no hay forma clara de reconducir hacia la inversión. Sin embargo, con una subida de impuestos sobre el consumo, que en su mayor parte van a pagar los asalariados con cargo a su ahorro, se puede intentar cierta reasignación. Reduciendo el ahorro de los asalariados, disminuirán los stocks: y reduciendo el déficit público al recaudar más para el mismo nivel de gasto gubernamental, se liberarán recursos para la inversión empresarial. ¡Qué bien! Todo parece encajar.

Las simples identidades contables, sin embargo, son engañosas. Sin un modelo teórico detrás, resultan insuficientes para captar efectos dinámicos: la contabilidad nacional “cuadrará” siempre; lo importante es a qué nivel de renta agregada. En el mejor de los casos, el aumento de la inversión empresarial tardará el realizarse, porque es improbable que las empresas se atrevan a trasladar la subida del IVA íntegramente a precios. Si no lo hacen, una parte del impuesto adicional se pagará con cargo a beneficios empresariales, lo que reducirá aún más la inversión a la corta, aunque la tendencia sea que aumente a la larga. Es más, costará bastante cambiar las expectativas empresariales, de estancadas a alcistas, con el consumo privado – tanto de asalariados como de empresarios – probablemente en retroceso, mucho más si efectivamente se ha producido la anticipación de gasto prevista por Alonso. Este efecto boomerang se está viendo ahora en el Reino Unido, que primero rebajó el tipo general del IVA al 15 por ciento para luego hacerlo retornar al 17,5 por ciento, esto último muy recientemente, con negativos efectos sobre la demanda agregada y el crecimiento.

Etiquetas: ,

@purgatecon

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio