martes, 9 de noviembre de 2010

2. El "motor" de la historia

No creo, sinceramente, que la lucha de clases sea el motor de la historia, como propuso Carlos Marx. En todo caso, lo sería la lucha de clase. Las clases sociales, de ordinario, no existen. Existen multitudes con problemáticas - muchas veces, ni siquiera intereses - más o menos comunes: la multitud de los parados, la de los trabajadores con empleo fijo, la de los agricultores y ganaderos, la de los funcionarios, la de los autopatronos, la de los profesionales liberales, la de los pequeños y medianos empresarios, la de los grandes empresarios, la de los inversores financieros, la de los consumidores y usuarios, la de las madres solteras o divorciadas, la de los seguidores de éste o aquel partido político, la de los hinchas de tal o cual equipo de fútbol, la de las redes sociales de Internet, la de los que asisten a conciertos de música pop, la de los sindicalistas, la de las víctimas del terrorismo, la de los enfermos de dolencias degenerativas y sus familias, la de las mujeres maltratadas, la de los homosexuales, la de los homófonos, la de los inmigrantes, la de los xenófobos, la de las familias al borde de ser desahuciadas por impago de la hipoteca, la de los fumadores, la de los sin techo, etc., etc. Unas multitudes están más cohesionadas que otras. Como es natural, cada cual puede pertenecer a una ó más de estas multitudes, o bien ser un misántropo y no pertenecer a ninguna. Las multitudes entran en conflicto unas con otras, sin que, con frecuencia, resulte progreso alguno de su conflicto.

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