miércoles, 27 de abril de 2011

La economía mundial, en DEFCON-3

La semana pasada, exactamente el lunes 18 de abril, la agencia de calificación de riesgos crediticios Standard&Poor’s (S&P) pasó la perspectiva de la deuda del Tesoro estadounidense de «constante» a «negativa». S&P aclaró que eso significa apostar doble contra sencillo a que la calificación de esa deuda se rebajará algún grado desde el nivel AAA en el que ha reinado incontestada en los mercados de deuda globales desde tiempo inmemorial, o sea, desde que en 1922-23 empezó a calificar la deuda de empresas privadas y entidades públicas. La acción de S&P no tiene precedentes, y se comenta que podría haber sido pactada con la administración Obama. Primero, porque muchos la esperaban hace tiempo; segundo, por las fechas elegidas para publicarla, en plena Semana Santa, con el Congreso desbandado por unos días; tercero, por la discreción que la ha rodeado, aparentemente orientada a facilitar una lenta reacción por parte del público.

Ahora, Estados Unidos se desayuna con la noticia. El anuncio supone un duro correctivo tanto para la presidencia como para la oposición republicana, enzarzados hasta ahora en una interminable discusión sobre temas fiscales, en la que no se ha resuelto nada. Un giro es obligado, y se cruzan apuestas sobre si la consolidación fiscal será o no el tema estrella de las presidenciales de 2012. Lo cierto es que Estados Unidos parecía haber escapado al sino de Europa, empeñada desde hace año y medio en reducir déficits públicos. Con la zona euro atrapada en la crisis de la deuda soberana, el Reino Unido registrando un déficit superior al 10% del PIB y posiblemente entrando en recesión y Japón noqueado por el tsunami y el accidente nuclear, adenás de los conflictos de Oriente Próximo, si Estados Unidos empieza ahora a recortar estímulos fiscales, las probabilidades de que la economía mundial vuelva a entrar en recesión no son despreciables; esta vez, sin el recurso de estímulos fiscales para bandearla. Queda, desde luego, para los optimistas, la buena marcha de las Bolsas; Wall Street recobró hace poco los índices previos a la quiebra de Lehman Brothers. Pero empieza a estar bastante claro que esa buena marcha es producto de una política monetaria extraordinariamente permisiva y que facilita tipos de interés inferiores a la inflación, con lo que apostar a crédito tiene una prima, en forma de devolución de parte de las eventuales pérdidas con cargo al presupuesto de los ahorradores y los perceptores de salarios.

Únicamente ahora empieza a conocerse la magnitud del agujero en que está sumido Estados Unidos. Los congresistas, en sus debates, han hablado de una deuda equivalente al 59% del PIB; pero si se suma la deuda de los estados a la federal, la cifra aumenta al 76%. Y todo esto sigue sin ser apenas nada, cuando se le añade la deuda acumulada por Medicare y Medicaid, los dos programas de protección social de carácter sanitario (respectivamente, para personas de la tercera edad y situadas bajo cierto umbral de pobreza) puestos en marcha en 1965 por la administración demócrata de Lyndon Johnson. Si a todo ello se suma la deuda acumulada por la seguridad social a favor de funcionarios tanto federales como estatales, la deuda consolidada de Estados Unidos se cifra en 75 billones de dólares, o 50 billones de euros; alrededor del 500% del PIB de ese país. Con mucho, el mayor endeudamiento del mundo.

Es nada menos que el orden económico internacional instaurado en la conferencia de Bretón Woods, en julio de 1944, lo que se está sacudiendo hasta los cimientos. Esa conferencia estableció las bases para que el dólar sirviera de moneda internacional. La deuda estadounidense no es de ahora, pero no preocupaba porque se sobreentendía que podía ser devuelta pagando con billetes verdes. Ahora el sobreentendido empieza a estar menos claro. La sobreabundancia de dólares está forzando alzas desmesuradas del precio del petróleo y demás materias primas, incluidas las alimenticias. Los estadounidenses pagan el petróleo más caro de su historia y los países emergentes empiezan a diversificar sus saldos en divisas, pasando del dólar al euro, como está haciendo China. El dólar se deprecia y eso favorece las exportaciones de Estados Unidas pero perjudica al consumidor de ese país. Lo cual determina que la trayectoria no sea sostenible mucho tiempo sin que los electores fuercen un cambio de rumbo. De ahí la previsión de que la consolidación fiscal se convierta en tema estrella de las presidenciales de 2012.

Que no haya sido el Fondo Monetario Internacional, organismo multilateral encargado por Bretón Woods de vigilar el orden económico internacional, sino una empresa privada, como S&P, quien ha dado la voz de alerta, dice muy poco de la eficacia residual de lo acordado en 1944 y puede empezar a restaurar la honorabilidad de las agencias de rating, bastante maltrecha tras su fracaso en predecir la crisis de 2007-2008.

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@purgatecon

2 comentarios:

A las 27 de abril de 2011, 23:55 , Blogger Francisco ha dicho...

¿Nos interesa el euro a este precio(1,46$)?
Salvo para q. el petróleo nos salga un poco menoscaro creo q. no.

 
A las 28 de abril de 2011, 9:28 , Blogger Enrique Viaña Remis ha dicho...

A nosotros no, pero a Alemania sí.

 

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