lunes, 27 de septiembre de 2010

Lo que está en juego

Los grandes fondos de inversión (hedge funds) de Wall Street están tomando posiciones contra la deuda soberana de Irlanda (fuente). Moody's acaba de rebajar la calificación de la deuda del principal banco irlandés(fuente): véase más abajo. Todo eso augura una semana difícil para el gobierno de ese país, para el euro y también para España. La seguiremos de cerca, lo prometo. Ahora, lo que interesa poner de manifiesto es la importancia del caso.

Tras su ingreso en la Comunidad Europea (en 1973), Irlanda se fue desenvolviendo con una eficiencia digna de todo elogio académico. Sobre todo en los noventa, adelgazó su sector público y empleó las importantes sumas de fondos estructurales que recibió, no en mejorar sus infraestructuras, como hizo España (cualquiera que viaje a Irlanda echa pestes de sus carreteras, por ejemplo), sino en incorporarse a la “sociedad de la información”. Irlanda pasó de ser un país agrícola a ser uno computerizado - que Cervantes, que en gloria esté, me perdone el palabro – y hoy la juventud de ese país pasa por ser una de las mejor formadas del mundo. De resultas de ello, la renta per cápita de Irlanda antes de la crisis tomó la delantera a la del resto de la Unión Europea, con la sola excepción de Luxemburgo. Importantes empresas de tecnología de punta, como Google y Dell, eligieron Dublín como cuartel general de sus actividades en Europa.

El comienzo de la crisis cogió a Irlanda navegando a velocidad de crucero, pero con un pequeño problema. Gracias a la afluencia de dinero traído por las exportaciones, el sector inmobiliario registró una burbuja, que venía acompañada de las inevitables hipotecas de las familias. Cuando el crédito se secó, en el otoño de 2008, las empresas irlandesas sufrieron la caída de la demanda, como todas, y sus trabajadores empezaron a engrosar el paro. El pago de hipotecas se resintió y, en enero de 2009, el gobierno nacionalizó el mayor de los bancos irlandeses, el Anglo-Irish Bank. Sumando los estímulos fiscales y la factura de la nacionalización del Anglo-Irish, el déficit público ascendió al 18 por ciento del PIB en 2009. A lo largo de ese año, mientras los demás gobiernos continuaban con los estímulos fiscales, el gobierno irlandés empezó a reducir sus gastos, para estabilizar el déficit en el 3 por ciento para 2014. Las cosas parecieron ir bien durante unos meses. Tras una fuerte recesión en 2008 y 2009, el PIB de Irlanda creció el 2,2 por ciento en el primer trimestre de 2010. ¡Eureka! El llamado “tigre celta” – por analogía con los “tigres del sudeste asiático” (Corea, Taiwan, Hong Kong y Singapur) – mostraba el camino a toda Europa. Estabilizar las finanzas y reformas estructurales para modernizar la economía, a la manera de Irlanda: ése era el camino. En esa euforia, nos entretallaron a todos antes del verano.

Pero, ay, las cosas se tuercen ahora. En el segundo trimestre de 2010, el PIB irlandés ha disminuido un 1,2 por ciento, lo que amenaza una recaída en la recesión. Los mercados se están poniendo nerviosos y castigan la deuda soberana de ese país. El temor implícito es que la retirada de los estímulos fiscales, ya hace un año, haya sido prematura, y que el crecimiento se retrase, con lo que los impuestos crecerían menos de los esperado y el gobierno tendría verdaderas dificultades para devolver la deuda (con unos intereses que, para colmo, son cada vez mayores). Todo esto es la más de natural para quienes hayan leído este blog desde sus inicios. Pero no para los gobiernos europeos y los organismos internacionales. ¿Por qué? Porque todavía no les entra en la cabeza cómo puede ocurrir que Irlanda necesite un rescate financiero comparable al de Grecia. Después de todo, los griegos fueron unos tramposos – eso se nos dijo a todos – que gastaron a manos llenas para pagar la Olimpiada de Atenas y falsearon las cuentas para engañarnos a todos. Era lógico que los mercados les castigaran y que ahora tengan que trabajar como esclavos durante una generación para pagar sus errores. ¿Pero Irlanda? Irlanda es la niña bonita del Fondo Monetario Internacional, la OCDE y toda la ortodoxia académica que sigue dominando la opinión mundial. En el estudio de que tanto se ha hablado sobre facilidades para hacer negocios, publicado por la OCDE y en el que España ocupa un deshonroso puesto número 62, Irlanda está nada menos que en el séptimo del mundo, con indicadores parciales como: protección de los inversores, el 5º puesto (España, el 93º); pago de impuestos, el sexto (España, el 78º); y así, en todo. Y resulta que Irlanda, que tiene uno de los mercados de trabajo más flexibles de Europa, está en una situación financiera incluso más desesperada que Portugal y España, supuestamente con los más rígidos. Pero ¿qué está pasando?

Enseguida han salido los funcionarios del FMI ha pronosticar que no habrá reapertura de la crisis de la deuda europea como consecuencia de este problema puntual (no tan puntual: a mediados de agosto, ya tuvo que salir el Banco Central Europeo a apoyar el bono irlandés con compras en el mercado abierto). Se lo juegan todo en esta coyuntura. El fracaso de la vía irlandesa sellaría la bancarrota intelectual de quienes han querido encontrar en las reformas estructurales una salida a la crisis.

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@purgatecon

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