miércoles, 11 de mayo de 2011

Que cada palo aguante su vela

Las declaraciones de la primera ministra eslovaca, Iveta Radicova, ayer mismo en la London School of Economics, afirmando que Eslovaquia apoya la reestructuración de la deuda soberana de Grecia, adquieren una singular importancia. Primero, por quien lo dice: la máxima autoridad de un país que es miembro de la Unión Monetaria Europea (por otro nombre, la «zona euro»), que rehusó participar en el rescate de Grecia en la primavera del año pasado, sigue negándose a participar en un segundo rescate, aunque sea de menor magnitud que el primero – aunque, ojo, las cifras crecen cada día: ayer se hablaba de 25.000 millones de euros, hoy ya de 60.000 millones – y que recomienda, en su lugar, que los bancos y otros inversores privados empiecen a cargar con su parte del coste de la crisis. Ésta es mi posición desde el principio. Aplicada la regla a España, significa que más vale que el gobierno retire su garantía sobre la deuda bancaria ahora, que esperar a que esa garantía tenga que hacerse efectiva, cause la bancarrota del Estado y luego haya que hacer pagar a los bancos su parte de la crisis, que será un resultado doblemente peor, por arruinar a la vez el crédito público y el de los bancos.

Las declaraciones de la señora Radicova son valientes e importantes, en segundo lugar, por el marco donde fueron hechas: la LSE, sancta sanctorum de la enseñanza de la economía en Europa, la sucursal educativa de la City londinense, ante un público de estudiantes y profesores, que ha servido de amplificador de las declaraciones mismas. Los bancos británicos no tienen una gran inversión en deuda griega, pero los alemanes y franceses sí; de modo que podría pensarse que no importa mucho a los primeros que la deuda griega se reestructure a costa de los bancos, porque los bancos – en este caso – no serán británicos. Pero los bancos británicos sí están «pillados», y bien «pillados», en la crisis irlandesa, en cambio. Las noticias que llegan de Irlanda no son tan preocupantes como las de Grecia, y los más optimistas pueden pensar que Irlanda ha salido de la crisis – como los más optimistas aquí piensan que España se ha «desacoplado» – pero, si los bancos británicos no han invertido en deuda griega sino en deuda irlandesa, los bancos irlandeses sí invirtieron en deuda griega, y como Irlanda se ha comprometido a respaldar a sus bancos, la reestructuración de la deuda soberana de Grecia traerá consigo nuevos problemas para los inversores británicos en deuda irlandesa. ¿Se dan cuenta de la conexión? ¡Ay, esta crisis va a acabar con todos nosotros, muy pronto!

Las declaraciones de la primera ministra eslovaca revelan, también, por qué tuvieron que reunirse, en secreto, los ministros de Finanzas de Alemania, Francia, Italia y España para prometer dinero fresco a Grecia a cambio de ajustes más duros: hay países pequeños que están diciendo “No, gracias”, y otros – como Finlandia – que antes decían que sí y ahora pueden decir también que no. Mírese por donde se mire, lo más sensato es afrontar cuanto antes un «desinflado» suave, ahora que todavía se está a tiempo, de la burbuja bancaria de todo el Continente. Va a resultar que es toda la banca europea, y no sólo la española, la que anda necesitada una estricta separación de las distintas líneas de negocio y la capitalización de cada una de ellas conforme a los riesgos inherentes a cada actividad, como vengo proponiendo para España. Y que cada palo aguante su vela.

Se me dirá que es muy duro lo que planteo. No es verdad. Duro es el ajuste que soportan desde hace tres años los asalariados, los pensionistas, los empleados públicos, los parados de larga duración, los pequeños empresarios y autónomos, obligados a cerrar; y se demuestra, por enésima vez, que todo ese inmenso sacrificio no es lo que los mercados necesitan para tranquilizarse. Por una vez, que el ajuste se haga extensivo a los bancos, reformando el sistema bancario para que se salve todo lo que se pueda salvar (y sobre todo los depósitos, para que la liquidez no colapse) pero dejando que las pérdidas sean privadas en vez de nacionalizarlas por sistema. Por una vez, hágase la reforma que se está necesitando, y no la que conviene a los poderosos en detrimento de toda la sociedad. Porque ésa es la reforma, créanme, que están exigiendo los mercados.

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lunes, 2 de mayo de 2011

Lenihan y la burbuja bancaria

Brian Lenihan era ministro de Finanzas en el anterior gobierno irlandés, el que solicitó que su país fuera rescatado por el FMI y la Unión Europea. Lenihan acaba de revelar que el gobierno no quería dar ese paso, pero el Banco Central Europeo le obligó a darlo. Simplemente, amenazó con no proporcionar más liquidez a los bancos irlandeses.

Las declaraciones de Lenihan han causado el lógico revuelo. Los irlandeses ven la presunta actuación del BCE como una ingerencia inadmisible en la política del país, que en lugar de ver resueltos sus problemas los tiene ahora más complicados, ya que el importe del rescate se va en pagar los intereses de la deuda bancaria y los intereses de la deuda pública se han disparado porque el mercado asume que el rescate es la antesala de la bancarrota nacional.

Una pregunta interesante es: ¿por qué forzó el BCE las cosas? Aparentemente, el BCE consideraba que la única alternativa al rescate era una reestructuración inmediata de la deuda bancaria que impusiera una quita a los tenedores de la misma; como éstos son, básicamente, otros bancos europeos, el BCE temía un efecto dominó de dicha reestructuración, con catastróficos efectos sobre el sistema bancario europeo. Esto demuestra que mis aseveraciones sobre la existencia de una burbuja bancaria en España no son ninguna invención. No sólo eso; la existencia de una burbuja bancaria en países como Irlanda y como España ha sido posible únicamente gracias al inflado de una burbuja bancaria en toda Europa. Lo que llamo «burbuja bancaria» es una inflación de activos bancarios, creados – por ejemplo, en España – para financiar el ladrillo, y casi para lo mismo en Irlanda. Ahora bien, no puede haber inflación de activos bancarios sin la correspondiente inflación de deuda bancaria, que suscrita por bancos de otros países europeos ha dado lugar a la correspondiente burbuja en éstos. Lo que el BCE viene a decirnos es que no puede pincharse la burbuja bancaria en Irlanda (o, para el caso, en España) sin correr el riesgo de que estalle toda la burbuja bancaria europea.

El riesgo de estallido de la burbuja general del sector bancario en Europa no puede reducirse hoy sin aumentar el riesgo de que estalle mañana. Por eso ya no se habla de rescates solamente, sino de rescate de unos casos y reestructuración o fallido en otros; o sea, la crisis va a peor. Hay que atacar el riesgo sistémico que comportan los bancos aquí y ahora, en lugar de taparlo poniendo en riesgo el crédito de los estados, que es lo que ha venido haciéndose hasta ahora.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

Alemania, Portugal, España y la crisis de la deuda

Cada uno interpreta a su manera los hechos que van ocurriendo, y debo confesar que no me convence la de otros. Se dice que los democristianos han perdido las elecciones regionales en Baden-Württemberg por los bandazos de Merkel en política energética. Quienes así se manifiestan – el lobby nuclear – no tienen ni idea o mienten a conciencia. Si acaso, esos “bandazos” han impedido que el descalabro democristiano fuera mayor. El principal efecto de Fukushima ha consistido en provocar un trasvase de votos a los verdes desde los socialdemócratas, muy desdibujados en los últimos meses. La pérdida de votos del gobierno – el partido liberal casi ha desaparecido del mapa político de los länder disputados – tiene que ver más con el descontento popular acerca de los asuntos europeos que con ninguna otra cosa.

Donde los alemanes ven que Angela Merkel está cediendo en demasía es en la crisis financiera. En su mayoría, los votantes opinan que el gobierno apoya en exceso a los bancos y muy poco a las capas más desfavorecidas de la población. El descontento se convierte en enfado cuando se percibe que Merkel emplea dinero de los contribuyentes en sostener no sólo a los bancos alemanes sino también a bancos de otros países europeos, como Grecia, Irlanda, ahora Portugal y quizá en un futuro no muy lejano también España. Parece el cuento de nunca acabar. Las explicaciones de los tecnócratas de turno, empeñados en que el sistema bancario – no sólo alemán, sino lógicamente de toda la zona euro – es imprescindible para el buen funcionamiento de la economía, no terminan de convencer. Sobre todo cuando parece evidente que hay alternativas, pero siempre se gira en la misma dirección. En este sentido, la crisis de Irlanda ha sido demoledora para la confianza del público alemán en la canciller. El anterior gobierno irlandés, de signo liberal, se obstinó en garantizar hasta el último euro de la deuda preferente de sus bancos, mientras Merkel porfiaba que los acreedores de la banca irlandesa – británicos, en su mayor parte – deberían compartir con el contribuyente alemán el coste de la crisis. Pero el gobierno irlandés tuvo entonces el apoyo del Banco Central Europeo – la tesis de la garantía absoluta todavía lo tiene – porque los acreedores bancarios son en su mayor parte otros bancos, y hacer que estos compartan los costes equivale, ni más ni menos, a hacer aflorar pérdidas que pondrían en peligro la confianza en el sistema bancario de toda la Unión Europea. Piénsese, por ejemplo, en Portugal. Un tercio de su deuda bancaria, unos 77.000 millones de euros, está en manos de bancos y cajas españoles; si se les obliga a compartir el coste de la crisis una fracción de esos activos se convertirá en humo, y están los bancos y cajas españoles como para volver a recapitalizarse de inmediato para tapar el agujero que podría surgir de esa forma. Todas estas cosas no se le ocultan al votante alemán, que está mejor informado y tiene más criterio que el español, por ejemplo. Un poco de su perspicacia no nos vendría mal, ya que tanto se habla del “modelo alemán” y sus virtudes.

Y debo confesar que Merkel empieza a despertar mi sincera admiración. Llevo más de un año diciendo, por activa y por pasiva, que la política alemana nos lleva al desastre. Pero, al César, lo que es del César, su habilidad es pasmosa. Ha encajado el resultado electoral dando la razón al lobby nuclear y reconociendo que Fukushima es la causa de su derrota, para reafirmar a renglón seguido su fe del converso en las renovables: el accidente nuclear ha venido a ser algo así como su particular caída del caballo en el camino de Damasco. En realidad, lucha por yacimientos de votos donde los democristianos nunca se habían atrevido a pescar. Ella conoce mejor que nadie la verdadera causa. Hacerse la tonta le proporciona margen de maniobra para seguir machacando, erre que erre, en la sombra. Anteayer, el ministro de Agricultura del nuevo gobierno irlandés – correligionario de Merkel – ya ha dicho que habría que considerar la posibilidad de que los acreedores bancarios compartan el coste de la crisis. En cierto modo, era inevitable porque los intereses de la deuda bancaria están devorando los 89.000 millones de euros del rescate de noviembre; hay que cortar esa sangría, ya que de otro modo los rescates no servirán para nada y toda la estrategia europea frente a la crisis se vendrá abajo. Poco a poco, Merkel va a ir sacando adelante su política, mal que les pese a los tecnócratas.

Esta perspectiva es crucial para entender en qué situación se encuentra España. Si el reparto de sacrificios con los acreedores bancarios se termina imponiendo como condición para los rescates, el pánico volverá a desatarse en los mercados. Es lo que trata de evitar el BCE, pero ¡al diablo con el BCE!, debe pensar Merkel. El viernes pasado, la cumbre comunitaria fracasó estrepitosamente en diseñar un mecanismo permanente de rescates financieros en la UE; aprovechando la dimisión del gobierno portugués, Merkel lo ha dejado todo en suspenso hasta que se acepte esa condición. El tiempo juega a su favor y en contra nuestra. Mientras el Banco de España, fruto de la autocomplacencia y debilidad con que está afrontando la crisis, pierde el tiempo con cuatro cajas de ahorros que tendrían que estar intervenidas y en proceso de liquidación desde el lunes 28 a las 24.00 horas (pero ¿qué hacer con los depósitos?: el BdE no puede ni siquiera planteárselo pues no se ha preparado adecuadamente), nuestros bancos y cajas, que mancomunadamente constituyen el primer acreedor de Portugal, echarán cuentas de qué pérdida habrán de encajar en cuanto se acuerde el rescate del vecino país. Y si sus cálculos les llevan a pensar que la pérdida en ese caso puede ser mayor que la que sufrirían vendiendo sus activos portugueses ahora, nuestros propios bancos y cajas serán los que desaten el pánico.

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lunes, 28 de febrero de 2011

Los irlandeses votan por el cambio

Como se esperaba, el Fianna Fáil, partido liberal irlandés, se hundió en las elecciones del pasado viernes, cosechando el peor resultado de su historia. El democristiano Fine Gael y el partido laborista han obtenido los mejores de las suyas. Gerry Adams, representante del Sinn Fein, el ala política del Ejército Republicano Irlandés (IRA), ha obtenido escaño, un dato que preocupa en Irlanda del Norte pero probablemente sin consecuencias, de momento.

Aun con sus importantes subidas, ni Fine Gael ni laboristas podrán formar gobierno en solitario. Parece que se impone una gran coalición, a la alemana. Con una diferencia, naturalmente. Mientras la gran coalición se impuso en Alemania en 1966 después de un prolongadísimo periodo de preparación, en Irlanda sería fruto de la debacle del Fianna Fáil. Y, aunque el acuerdo no se augura fácil, los programas de democristianos y laboristas muestran destacados puntos de contacto en el rechazo del liberalismo doctrinario del gobierno saliente. En particular, se critica el haber desmontado el sector público, el excesivo celo en ofrecer ventajas a las empresas extranjeras y la ausencia de inversiones en infraestructuras. Ah, y un punto que llama la atención: ambos partidos están dispuestos a ceder a la presión alemana por imponer una importante quita a los tenedores de deuda bancaria, contra la obstinación de los derrotados por garantizar la mayor parte de esas inversiones. De esa forma, esperan negociar mejores condiciones en la devolución del dinero del rescate de noviembre. Aunque todo esto es bien poco comparado con los problemas a que se enfrenta Irlanda.

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viernes, 25 de febrero de 2011

Elecciones en Irlanda

Los irlandeses están llamados hoy a las urnas. Nadie espera que estas elecciones puedan resolver nada. Los problemas que sufre el país están más allá del poder de los políticos, quienes quieran que éstos sean. Mientras toda una generación de jóvenes, mejor preparados que nunca antes en la historia, se prepara para emigrar a donde sea llevándose con ella la inversión de fondos europeos en capital humano, la deuda del país aumenta sin parar a pesar del rescate de que fue objeto el otoño pasado. Buen aviso a navegantes: los rescates no resuelven los problemas. A veces, no hacen más que complicarlos.

Es lo que le pasa a Irlanda. El sistema bancario continúa sumido en un marasmo que ni siquiera es posible apreciar en su totalidad, fruto del absurdo empeño del gobierno saliente en garantizar la deuda preferente de los bancos; los vendedores de CDS localizados en Londres, Nueva York o Hong Kong le deben estar agradecidos, pero desde luego el contribuyente irlandés no. La teoría es que se trata de ganar tiempo hasta que se pueda vender los bancos a inversores internacionales, pero a éstos no se los ve por ningún lado ni ya se les espera siquiera. De hecho, el pago de intereses por la deuda bancaria está descapitalizando aceleradamente a las entidades. Buena parte de ellas se ha quedado sin posibilidades de obtener liquidez en el Banco Central Europeo por falta de activos de garantía. El BCE exige, en efecto, garantizar la devolución del dinero que presta con la entrega de activos rentables de alta calificación crediticia. Los bancos irlandeses empezaron a carecer de tales activos en agosto. Desde entonces ha crecido la preocupación por la forma que tienen los bancos irlandeses de obtener liquidez ahora. El dispositivo se llama ELA (siglas de emergency liquidity assistance), y lo gestiona el Banco Central de Irlanda, no el BCE. Descendemos a las cloacas del Eurosistema. Los activos de garantía que el BCE no puede aceptar, porque no son los suficientemente buenos, los toma el BCI, quien proporciona dinero a cambio. El dinero, ¿de quién? Del BCE, naturalmente, que lo suministra al BCI sin preguntar a qué lo destina; el BCI queda fiador, en caso de que los bancos no puedan devolverlo. Presuntamente, el BCI se cura en salud, primero, concediendo préstamos a muy corto plazo (una semana), aunque se renuevan repetidamente, hasta convertirse en una financiación semipermanente; segundo, el BCI aplica un fuerte descuento, concediendo préstamos por menos de la mitad del valor facial de los activos empeñados; tercero, el BCI cuenta con sus recursos propios para responder de los créditos que concede. Y si todo esto fuera insuficiente para recuperar el dinero prestado, el gobierno irlandés es avalista de último recurso. Dada la independencia del BCI respecto del gobierno de su país, el primero podría tomar posesión de cualesquiera activos públicos que pudieran venderse para obtener dinero o incluso apoderarse de cualquier importe de la recaudación de impuestos, hasta devolver al BCE el dinero prestado.

Es obvio por qué se empeña el BCE en presentar las operaciones ELA como algo normal. No lo son. El importe de ELA en Irlanda asciende a 51.000 millones de euros, o sea, que se ha comido ya más de la mitad de los 85.000 millones del rescate, y continúa creciendo muy deprisa. Para garantizar esa cifra, el BCI sólo dispone de recursos propios por importe de 1.500 millones, totalmente insuficiente. Hay dudas de si el BCI ha empezado a aceptar propiedades inmobiliarias de los bancos en garantía de las operaciones; si el BCI tiene que sacar esos activos al mercado, hundirá aun más los precios. Y el gobierno ya ha privatizado casi todo lo que se podía privatizar. Por tanto, sólo queda el bolsillo del contribuyente. No sorprende que los jóvenes quieran salir de allí a escape.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Reunión de pastores

Angela Merkel ha estado en Madrid. Unos dicen que vino a darnos instrucciones, dentro de ese supuesto protectorado económico al que aceptamos someternos en mayo pasado. Otros, que a dar respaldo al reciente acuerdo social, a la reforma de las pensiones y a todas las medidas tendentes a reestablecer la confianza, que viene adoptando desde hace un año el gobierno español. Ni tanto, ni tan calvo. La realidad es que esta reunión forma parte de la gobernanza económica de Europa, que muchos por aquí echaban de menos y que, miren por dónde, ya empieza a funcionar. Y se comprobará en el Consejo Europeo de hoy viernes.

Merkel vino a hablar de cosas que no se pueden mentar en los Consejos Europeos; vaya, vino a prepararlo, como quien dice. Porque la Unión Europea es una unión de estados soberanos, y ciertas conversaciones podrían hacer dudar a la opinión pública de que siguen siendo soberanos. Y no, tampoco se trata de eso. Soberanos, lo que se dice soberanos, faltaría más, está claro que lo son; pero de aquella manera, ya se me entiende. Y, desde luego, unos más que otros. Ahora la UE tiene el problema de Irlanda. Resulta que los muy cabritos – porque no se les puede llamar de otra manera – vienen haciendo dumping fiscal desde hace años. Tienen un impuesto de sociedades del 12 por ciento, muy inferior al de Alemania o España, por ejemplo. Con lo cual, las inversiones extracomunitarias que vienen a caer por esta parte del mundo, caen más frecuentemente del lado de Irlanda que del lado de Alemania o España, por seguir con el ejemplo. Y resulta, para más INRI, que entre todos hay que prestarle 85.000 millones de euros, y a un tipo de interés de favor. O sea, los contribuyentes germanos e hispanos vamos a tener que prestarles dinero (que buena falta nos haría a nosotros) para que el gobierno irlandés pueda mantener sus impuestos así de bajos. ¿Lo captan, verdad? El gobierno irlandés hace frente a sus gastos con nuestro dinero, no con el de ellos. Bonito, ¿no? Irlanda debería darse cuenta de la situación por sí misma, pero que si quieres arroz Catalina, ellos no se dan por enterados. Ahora van a tener elecciones, y habría de dejarle muy claro al nuevo gobierno – y en esto a Merkel le habrá costado muy poco convencer a Zapatero – que esto no puede seguir así. Ahí están los griegos, que fundaron en la antigüedad el muy sano concepto de la esclavitud por deudas, y que ahora, tras su rescate, de vez en cuando protestan un poco, pero en lo esencial hacen lo que se les dice. A los irlandeses parece que habrá que retorcerles el brazo. Sólo un poco. ¡Pues qué! Si hace falta, se les retuerce y ya está: gobernanza económica de Europa. Para qué queremos más.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Qué nos espera?

Los mercados están reaccionando con parsimonia a la petición formal de ayuda de Irlanda al FMI y la UE. Nikkei sube 1 por ciento, Shangai está plano, Singapur cae ligeramente. No saben qué viene después. Realmente, nadie lo sabe. Todo podría tranquilizarse de nuevo, como ocurrió esta primavera tras el rescate de Grecia. Pero hay un no-se-qué de fatalidad en el ambiente: pese a lo comparable de sus tamaños, Irlanda no es Grecia. Mientras éste se nos presentó como un país dilapidador y tramposo, aquél es un modelo en la adopción de reformas estructurales. ¿Qué falló en Irlanda? La codicia de los bancos – se nos dice – en tratar de lucrarse con la burbuja inmobiliaria. Ah, ¿pero es que la codicia no era buena, el verdadero motor del sistema? Va a resultar que es un orden económico construido con todo amor por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y sus sucesores, lo que está siendo sacudido hasta sus cimientos.

Algunos opinan que el rescate de Irlanda será un jalón en la crisis de la importancia de la quiebra de Lehmann Brothers, y con efectos tan devastadores sobre la confianza de los mercados. Y para ese viaje no tenemos las alforjas de un sistema bancario de gran solidez, regulado de forma “modélica” por el Banco de España, de lo que presumíamos entonces. Lo que tenemos son bancos tan codiciosos como los irlandeses, que se han lucrado durante lustros con una burbuja inmobiliaria de tantas dimensiones si no mayores que la irlandesa, y que han podido parecer solventes gracias a una legislación hipotecaria leonina, que asegura el cobro mediante un sistema de dobles garantías, según el cual no sólo se hipoteca el inmueble sino también su propietario (o quien lo avale), lo que facilita al banco mantener en su balance créditos incobrables, gracias a una suerte de servidumbre financiera – si es preciso, de por vida – del hipotecado. Sólo la opacidad de este sistema incalificable nos está salvando.

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jueves, 18 de noviembre de 2010

Irlanda da su brazo a torcer

El gobierno irlandés ha intentado convencer a todos – mercados, Unión Europea, Fondo Monetario Internacional – de que no necesitaba dinero antes de los grandes vencimientos de su deuda soberana previstos para bien entrado 2011. Por unos días, pareció que lo conseguiría. Naturalmente, no convenció a los mercados, pero con ello contaba el gobierno irlandés, confiado en que, de prolongarse la tensión durante meses, acabaría disolviéndose como azucarillo en aguardiente. La mejor cura contra el pánico y la especulación es la sangre fría. Pero a quien no ha conseguido convencer es a Alemania, dispuesta a no creer nada hasta ver subir de forma sustancial el impuesto irlandés de sociedades, actualmente en el 12,5 por ciento anual.

Y sí, Irlanda necesitaba fondos antes de las renovaciones de 2011. A fines de septiembre, el gobierno asumió la recapitalización de AIB y otros bancos, por importe cifrado en 50.000 millones de euros. Asumió, pero no puso un euro, porque no lo tenía. Por así decirlo, escrituró la recapitalización pero no la desembolsó. Necesitaba acudir a los mercados, pero – con tipos del mercado secundario rondando el 9 por ciento – es lógico que no se atreviera a hacerlo, porque, para semejante cantidad, el marginal se iría a las estrellas. Alemania le ha dicho que nones. Sin recapitalización efectiva, o sea, sólo con el aval del gobierno, los bancos alemanes no van a prestar a los irlandeses en el interbancario europeo. Como consecuencia, el castigo en CDS sería inasumible, quizá durante años.

Al final, Merkel – que empieza a demostrar que los tiene muy bien puestos – ofreció una transacción. El Fondo de Estabilización Financiera rescataría a los bancos irlandeses – poniendo el dinero prometido por el gobierno – y no al país, con lo que Irlanda podría salvar su orgullo nacional. Pero el gobierno irlandés sabía bien lo que esto significaba: Alemania impondría una quita a los acreedores de los bancos irlandeses. Viendo el peligro, el Reino Unido se ofreció in extremis a rescatar a los bancos irlandeses (los principales acreedores de éstos son británicos). Yo también creí que el gobierno irlandés cogería la opción alemana. Pero no ha hecho falta el rescate británico. El gobierno irlandés ha rechazado la oferta de sacrificar a los bancos y entregado a su país, atado de pies y manos, en cambio, a la cámara de torturas del FMI y el BCE.

¿Por qué ha actuado así el gobierno irlandés? Puede haber varias teorías. Quizá ha optado perjudicar el interés del país para proteger el de los bancos. Puede que haya querido dar una lección de europeísmo al sacrificar su soberanía nacional para salvar el crédito futuro de su país. A mí, sobre todo, me parece que confía más en la benevolencia del FMI con uno de sus discípulos predilectos que en la de Alemania con un presunto paraíso fiscal en plena eurozona.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

La economía política de hoy día

Quienes sostenían, hace mes y medio, que no había crisis de la deuda soberana en Europa, ahora desahogan sus nervios urgiendo a Irlanda a que tome una decisión sobre su rescate. Parecen sordos: Irlanda ya la ha tomado, y es negativa. El gobierno irlandés, reforzado con la red de seguridad tendida por la Unión Europea, va a tratar de cruzar el tempestuoso océano de la tormenta financiera, para llegar a mares más tranquilos. Mucho peor lo tiene Portugal. El vecino país está perdido. Las aguas podrán calmarse para Irlanda, pero Portugal carece de fundamentos como para resistirse a embates del calibre que está aguantando Irlanda. ¿Y España?

Lo he dicho y lo repito, el mar de fondo de la crisis de la deuda soberana europea, lo mismo la primavera pasada que este otoño, tiene su origen en la sospecha de los mercados, que empieza a convertirse en certeza, de que Europa se precipitó al trocar los estímulos fiscales en consolidación fiscal. Se está ahogando el crecimiento antes de que éste se haya afirmado lo imprescindible para considerarlo “sostenido”. Aquí todo el mundo es antikeynesiano, aunque pocos tienen el coraje de declararse “austriacos”. ¿En qué creen? Es la economía política del ama de casa (copyright, aquí): ningún ama de casa sensata gastaría más de lo que su marido trae a casa, y tampoco deben hacerlo los gobiernos. Nadie tiene el discernimiento para darse cuenta de que, efectivamente, no hay alternativa pero no porque no exista, sino porque Alemania no la aceptaría. Asumimos la consolidación fiscal porque de otra forma Alemania rompería la baraja, y eso nos da más miedo que ninguna otra cosa. ¿Es que no puede decirse así, sencillamente? Por lo menos Papandreu, el griego, lo está diciendo.

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sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Qué temen los mercados?

Pese a los intentos oficiales por sofocarla – que no resolverla – la crisis de la deuda soberana, y de la irlandesa en particular, sigue su curso. La declaración de la UE en Seúl, en el sentido de que los tenedores de bonos no sufrirán quitas, debería infundir tranquilidad. Se ha introducido un matiz interesante. No se trata de que los bonos no vayan a ser objeto de quitas en eventuales crisis; al admitir que podrán sufrirlas se reconoce que Angela Merkel va a seguir presionando, durante la reforma del Tratado, para que las sufran; va en ello el interés del contribuyente alemán, a todas luces principal pagano de cualquier operación de rescate. Lo que se matiza es que la quita únicamente afectará a los bonos emitidos con posterioridad a 2013, fecha para la que la zona euro deberá haber retornado al Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Entonces, ¿por qué tanta agitación?

Primero por un problema político a corto plazo. Irlanda debe hacer aprobar por su parlamento el nuevo presupuesto, fuertemente restrictivo. El gobierno tiene un pequeño margen, pero es de coalición: Fianna Fáil (liberales) y verdes. La oposición votará en contra; los verdes pueden flaquear. Si la UE va a acudir de todas formas al rescate, como acaba de prometer, ¿para qué sufrir tanto ahora? El Fondo de Estabilidad Financiera actúa como un incentivo negativo para la austeridad, y los mercados sospechan que las instituciones comunitarias no serán demasiado duras con ningún país que entre en default: ya se negaron a serlo hace semanas, cuando Alemania propuso la suspensión de derechos políticos en ese caso.

La segunda razón es más profunda. Desde comienzos de este año, los mercados sospechan que Europa se equivocó al elegir la vía de consolidación fiscal, cortando de raíz los estímulos fiscales. Los mercados son más keynesianos – esto es, más razonables – que muchos estadistas y sus asesores económicos. Si se frena el crecimiento, se recauda menos impuestos, que es lo que devuelve la deuda soberana. Éste es el problema a largo plazo, uno con el que Europa va a ir renqueando quizá durante una década.

Los pobres resultados de la cumbre del G-20 en Seúl no vienen sino a complicar las cosas. Estados Unidos y China están estimulando sus economías; Estados Unidos, artificialmente (los 600.000 millones de la Fed), y China de forma no más natural, a través de su abultado superávit exterior (mantenido con su política cambiaria). Únicamente Europa se obstina en seguir los dictados de la ortodoxia financiera. ¿Vamos a continuar sosteniendo, nosotros solitos, el mundo mundial?

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lunes, 4 de octubre de 2010

Culebrones

La deuda soberana de Irlanda va camino de convertirse en un verdadero “culebrón”, con imprevisibles repercusiones sobre otros países vulnerables de la Unión Europea. El viernes 1 de octubre, el finlandés Olli Rehn, comisario europeo para Asuntos Económicos y Monetarios (sucesor de Almunia en el cargo), sentenció que Irlanda no puede continuar siendo el paraíso fiscal de Europa, en clara referencia a la conveniencia de que ese país revise al alza su impuesto de sociedades, actualmente situado en el 12,5 por ciento de los beneficios.

Inmediatamente, han saltado, como cabezas de hidra, los medios ultraliberales irlandeses (más liberales que Fianna Fáil, el partido líder del gobierno, que lo es bastante), que precisamente llevan semanas haciendo campaña por nuevas reducciones impositivas, como modo de salir del agujero en que el país está metido. Los correligionarios de Rajoy en el hermoso país de las brumas están que se suben por las paredes, rabiando contra la Comisión Europea.

Pero el gobierno irlandés tiene problemas más importantes. Está empezando a haber una reacción significativa de los tenedores de deuda subordinada – a la que se prevé hacer una severa quita – de alguno de los bancos involucrados (fuente). La cuestión que se plantea no es baladí: la deuda subordinada puede encajar pérdidas de capital, siempre que la entidad emisora entre en bancarrota y se proceda a la liquidación, lo que no es el caso. El gobierno irlandés querría que los tenedores de deuda subordinada aceptaran la pérdida sin liquidar los bancos, lo que empieza a verse como una solución manifiestamente ilegal y confiscatoria.

Por otra parte, el gobierno irlandés se las prometía muy felices tras desconvocar las subastas de deuda soberana que tenía previstas para noviembre. Los analistas destacan que, de momento, no anda mal de tesorería. Por un lado, dispone de los 24.000 millones de euros del fondo de reserva del sistema nacional de pensiones – ojo – y además el Banco Central Europeo está proveyendo de abundante liquidez a los bancos irlandeses, contra el descuento de deuda preferente de unos bancos irlandeses en la cartera de otros. (Entre paréntesis, ésta es otra razón que se da para la negativa del gobierno a efectuar una quita en la deuda preferente de la banca de su país: sería como confiscar propiedad del BCE, o mejor, como dejar a los bancos irlandeses sin medios de obtener liquidez en el BCE, y por cierto que esto empieza a revelar que quizá los bancos irlandeses se han estado peloteando unos a otros, para acudir a las subastas del BCE con mayor holgura: no es oro todo lo que reluce).

Incluso si los problemas de liquidez a corto del gobierno no son acuciantes, la deuda soberana de Irlanda puede actuar como una bomba de relojería, en el otoño de 2011, cuando tenga que redimirse un volumen muy importante de esa deuda, o incluso antes, quizá ya en enero, cuando el gobierno tenga que salir a dar la cara a los mercados. ¡Uf!, por largo me lo fiáis resulta ser ahora un pésimo augurio de lo larga que puede ser esta crisis dentro de la crisis.

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jueves, 30 de septiembre de 2010

Irlanda, en el ojo del huracán

El plan del gobierno irlandés, para reflotar el Anglo Irish Bank (AIB), es sencillo. Ya que éste tuvo que ser nacionalizado en enero de 2009 por la ingente cantidad de préstamos hipotecarios fallidos, de lo que ahora se trataría es de segregar el banco en dos. Un banco estrictamente de depósitos, garantizados al 100 por 100 por el gobierno, que funcionaría con toda normalidad y emitiría acciones hasta su completa reprivatización, y un banco de activos dañados, o banco malo, que se quedaría con todas las hipotecas que han devenido incobrables y que, dueño de los inmuebles hipotecados, iría vendiéndolos gradualmente hasta su completa liquidación, tras lo que la propia entidad cerraría. El problema radica en que, al separar los activos dañados del balance del bando de depósitos, se requiere una recapitalización contra la que sanear el agujero patrimonial. El importe de ésta ha sido estimado por el gobierno en 29.000 millones de euros. La deuda actual de Irlanda se acerca a los 89.000 millones de euros; estamos hablando de un incremento repentino de un tercio. Si todo el coste de la recapitalización de AIB recayera sobre el erario público, con esas estamaciones el déficit público de Irlanda en 2011 se aproximaría al 20 por ciento del PIB, cota considerada como inasumible por todos los observadores, ya que se incumpliría – con total seguridad – el compromiso de retornar al 3 por ciento para 2014.

Desde la City londinense – que probablemente representa el interés de los tenedores de deuda soberana de Irlanda más que el de los tenedores de deuda del Anglo Irish – se viene afirmando (vía Financial Times) que la ecuación sólo tiene solución si el sector privado es obligado a compartir el coste de la operación de reflotar el banco de depósitos “bueno”. La tesis británica es que los compradores de bonos de bancos irlandeses actuaron temerariamente en los años anteriores a la crisis al adquirir deuda de entidades excesivamente involucradas en una burbuja inmobiliaria que todo el mundo sabía que tenía que estallar. Su codicia especuladora debería ser castigada ahora, en justa compensación por los elevados réditos obtenidos durante las vacas gordas.

El gobierno irlandés ha sido en parte sensible al argumento, y se propone seguirlo en el caso de la deuda subordinada de AIB. Dentro del paquete de medidas que anunciará hoy, ofrecerá 500 millones de euros por un nominal de 2.400 millones de deuda subordinada, con un descuento ligeramente inferior al 80 por ciento con que está cotizando esa deuda en el mercado. Así, Irlanda se ahorrará casi 2.000 millones sobre los 29.000 necesarios. Pero aún es poco.

El problema más serio surge con la deuda preferente de AIB. Legalmente, esta deuda tiene un status únicamente inferior a los propios depósitos, en caso de liquidación del banco; pero la garantía extendida sobre los depósitos en 2008 – y que expiró ayer – no alcanza a la deuda preferente. Londres aconseja efectuar en ésta una quita comparable a la de la deuda subordinada. De acuerdo con esta tesis, la agencia calificadora Moody’s rebajó el lunes la calificación de la deuda preferente de AIB la friolera de seis escalones, dejándola tan sólo un escalón por encima de los bonos basura. Esto desató el nerviosismo del mercado. El gobierno irlandés, en una acalorada reunión la noche del lunes, decidió que no garantizar en su integridad la deuda preferente del Anglo Irish comprometería el crédito futuro de la banca irlandesa en su conjunto. (Aunque también podría ocurrir que estime que el grueso de la deuda preferente de AIB está en manos de inversores irlandeses, y trata desesperadamente de evitar al país la pérdida de riqueza que la quita propuesta por FT supondría). Así que decidió renovar la garantía de los depósitos y extenderla a los bonos preferentes de la banca, a partir de hoy. Eso equivale a cargar sobre la deuda soberana el coste de reflotación de AIB, casi íntegro.

El martes, otra de las agencias de calificación de riesgos, Standard and Poor’s (S&P), venía a echar más leña al fuego de la inquietud de los inversores, al afirmar que la estimación gubernamental del coste de reflotación de AIB se queda muy corta, y la cifraba en una horquilla entre 34.000 y 46.000 millones, probablemente más cerca de la última cifra; en este caso, el déficit público se aproximaría al 30 por ciento del PIB. Las ventas de bonos irlandeses, tanto de emisión pública como privada, se desataron.

La nota de S&P, que antecede a una más que probable rebaja en la calificación de los riesgos de la deuda soberana de Irlanda, vendría a indicar que el gobierno irlandés ha tomado la decisión equivocada. Aunque también podría ser que el gobierno irlandés se hubiera metido en ese berenjenal porque tiene ya comprometido créditos stand by de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Si es así, lo que sigue será una opereta para convencernos de que Irlanda no ha entrado en suspensión de pagos, cuando técnicamente ya lo está.

Todo esto, en un país que tiene la segunda renta per cápita de la Unión Europea, en paridad de poder adquisitivo, y la undécima del mundo (un 30 por ciento superior a la de España); que ocupa la quinta plaza en el ranking planetario de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y cuya economía es considerada por todos modelo de competitividad.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

Lo que está en juego

Los grandes fondos de inversión (hedge funds) de Wall Street están tomando posiciones contra la deuda soberana de Irlanda (fuente). Moody's acaba de rebajar la calificación de la deuda del principal banco irlandés(fuente): véase más abajo. Todo eso augura una semana difícil para el gobierno de ese país, para el euro y también para España. La seguiremos de cerca, lo prometo. Ahora, lo que interesa poner de manifiesto es la importancia del caso.

Tras su ingreso en la Comunidad Europea (en 1973), Irlanda se fue desenvolviendo con una eficiencia digna de todo elogio académico. Sobre todo en los noventa, adelgazó su sector público y empleó las importantes sumas de fondos estructurales que recibió, no en mejorar sus infraestructuras, como hizo España (cualquiera que viaje a Irlanda echa pestes de sus carreteras, por ejemplo), sino en incorporarse a la “sociedad de la información”. Irlanda pasó de ser un país agrícola a ser uno computerizado - que Cervantes, que en gloria esté, me perdone el palabro – y hoy la juventud de ese país pasa por ser una de las mejor formadas del mundo. De resultas de ello, la renta per cápita de Irlanda antes de la crisis tomó la delantera a la del resto de la Unión Europea, con la sola excepción de Luxemburgo. Importantes empresas de tecnología de punta, como Google y Dell, eligieron Dublín como cuartel general de sus actividades en Europa.

El comienzo de la crisis cogió a Irlanda navegando a velocidad de crucero, pero con un pequeño problema. Gracias a la afluencia de dinero traído por las exportaciones, el sector inmobiliario registró una burbuja, que venía acompañada de las inevitables hipotecas de las familias. Cuando el crédito se secó, en el otoño de 2008, las empresas irlandesas sufrieron la caída de la demanda, como todas, y sus trabajadores empezaron a engrosar el paro. El pago de hipotecas se resintió y, en enero de 2009, el gobierno nacionalizó el mayor de los bancos irlandeses, el Anglo-Irish Bank. Sumando los estímulos fiscales y la factura de la nacionalización del Anglo-Irish, el déficit público ascendió al 18 por ciento del PIB en 2009. A lo largo de ese año, mientras los demás gobiernos continuaban con los estímulos fiscales, el gobierno irlandés empezó a reducir sus gastos, para estabilizar el déficit en el 3 por ciento para 2014. Las cosas parecieron ir bien durante unos meses. Tras una fuerte recesión en 2008 y 2009, el PIB de Irlanda creció el 2,2 por ciento en el primer trimestre de 2010. ¡Eureka! El llamado “tigre celta” – por analogía con los “tigres del sudeste asiático” (Corea, Taiwan, Hong Kong y Singapur) – mostraba el camino a toda Europa. Estabilizar las finanzas y reformas estructurales para modernizar la economía, a la manera de Irlanda: ése era el camino. En esa euforia, nos entretallaron a todos antes del verano.

Pero, ay, las cosas se tuercen ahora. En el segundo trimestre de 2010, el PIB irlandés ha disminuido un 1,2 por ciento, lo que amenaza una recaída en la recesión. Los mercados se están poniendo nerviosos y castigan la deuda soberana de ese país. El temor implícito es que la retirada de los estímulos fiscales, ya hace un año, haya sido prematura, y que el crecimiento se retrase, con lo que los impuestos crecerían menos de los esperado y el gobierno tendría verdaderas dificultades para devolver la deuda (con unos intereses que, para colmo, son cada vez mayores). Todo esto es la más de natural para quienes hayan leído este blog desde sus inicios. Pero no para los gobiernos europeos y los organismos internacionales. ¿Por qué? Porque todavía no les entra en la cabeza cómo puede ocurrir que Irlanda necesite un rescate financiero comparable al de Grecia. Después de todo, los griegos fueron unos tramposos – eso se nos dijo a todos – que gastaron a manos llenas para pagar la Olimpiada de Atenas y falsearon las cuentas para engañarnos a todos. Era lógico que los mercados les castigaran y que ahora tengan que trabajar como esclavos durante una generación para pagar sus errores. ¿Pero Irlanda? Irlanda es la niña bonita del Fondo Monetario Internacional, la OCDE y toda la ortodoxia académica que sigue dominando la opinión mundial. En el estudio de que tanto se ha hablado sobre facilidades para hacer negocios, publicado por la OCDE y en el que España ocupa un deshonroso puesto número 62, Irlanda está nada menos que en el séptimo del mundo, con indicadores parciales como: protección de los inversores, el 5º puesto (España, el 93º); pago de impuestos, el sexto (España, el 78º); y así, en todo. Y resulta que Irlanda, que tiene uno de los mercados de trabajo más flexibles de Europa, está en una situación financiera incluso más desesperada que Portugal y España, supuestamente con los más rígidos. Pero ¿qué está pasando?

Enseguida han salido los funcionarios del FMI ha pronosticar que no habrá reapertura de la crisis de la deuda europea como consecuencia de este problema puntual (no tan puntual: a mediados de agosto, ya tuvo que salir el Banco Central Europeo a apoyar el bono irlandés con compras en el mercado abierto). Se lo juegan todo en esta coyuntura. El fracaso de la vía irlandesa sellaría la bancarrota intelectual de quienes han querido encontrar en las reformas estructurales una salida a la crisis.

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