lunes, 28 de febrero de 2011

Los irlandeses votan por el cambio

Como se esperaba, el Fianna Fáil, partido liberal irlandés, se hundió en las elecciones del pasado viernes, cosechando el peor resultado de su historia. El democristiano Fine Gael y el partido laborista han obtenido los mejores de las suyas. Gerry Adams, representante del Sinn Fein, el ala política del Ejército Republicano Irlandés (IRA), ha obtenido escaño, un dato que preocupa en Irlanda del Norte pero probablemente sin consecuencias, de momento.

Aun con sus importantes subidas, ni Fine Gael ni laboristas podrán formar gobierno en solitario. Parece que se impone una gran coalición, a la alemana. Con una diferencia, naturalmente. Mientras la gran coalición se impuso en Alemania en 1966 después de un prolongadísimo periodo de preparación, en Irlanda sería fruto de la debacle del Fianna Fáil. Y, aunque el acuerdo no se augura fácil, los programas de democristianos y laboristas muestran destacados puntos de contacto en el rechazo del liberalismo doctrinario del gobierno saliente. En particular, se critica el haber desmontado el sector público, el excesivo celo en ofrecer ventajas a las empresas extranjeras y la ausencia de inversiones en infraestructuras. Ah, y un punto que llama la atención: ambos partidos están dispuestos a ceder a la presión alemana por imponer una importante quita a los tenedores de deuda bancaria, contra la obstinación de los derrotados por garantizar la mayor parte de esas inversiones. De esa forma, esperan negociar mejores condiciones en la devolución del dinero del rescate de noviembre. Aunque todo esto es bien poco comparado con los problemas a que se enfrenta Irlanda.

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sábado, 26 de febrero de 2011

¿Y qué se esperaban Cameron y Clegg?

La pasada primavera, cuando el gobierno de coalición conservador-liberal anunció a bombo y platillo sus medidas para ajustar el presupuesto, que incluían el despido de casi medio millón de empleados públicos y una drástica subida de las tasas universitarias, entre otros estupendos ahorros, pronostiqué una pronta recesión en el Reino Unido. Hoy se ha conocido la tasa revisada de crecimiento del PIB en el cuarto trimestre, y resulta ser del –0,6 por ciento, una décima porcentual peor que lo adelantado provisionalmente hace algunas semanas; el peor registro desde el tercer trimestre de 2009, cuando los britones empezaron a acariciar la esperanza de estar dejando atrás la recesión. Políticos y economistas de aquel país se han mostrado decepcionados por la noticia.

Y pregunto yo, ¿decepcionados de qué? ¿Es eso lo que les enseñan en la afamada London School of Economics, a sentirse “decepcionados” por lo obvio? Alguno todavía me espetará que defiendo un déficit público insostenible, o qué sé yo. Contestaré que según y cómo, aunque he de confesar que, como se está poniendo la cosa, realmente ya es muy difícil. Pero es que la cosa, precisamente, se ha llevado al punto de querer que nos pille el toro, como vulgarmente se dice. En definitiva, no; no es defender el déficit público, aquí y ahora, lo que pretendo. Reducir el déficit público puede ser una solución obligada, y ahora seguramente ha llegado a serlo en Europa. Lo que es de malos economistas es venir con la biblia liberal a prometer la recuperación económica con la reducción del gasto público, y cuando la recuperación no se produce (sino todo lo contrario) manifestar decepción. No se pretenda tomar al público por idiota y alardear de que se trabaja para el futuro. Ustedes no hacen más que obedecer servilmente a un viejo atavismo del género humano, que lo impele a realizar sacrificios para calmar la ira divina en que personificamos lo adverso cuyo origen nos es desconocido. Lo cierto es que no tienen ni idea de lo que pasa, y su doctrina tiene mucho menos de ciencia que de superstición.

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viernes, 25 de febrero de 2011

Elecciones en Irlanda

Los irlandeses están llamados hoy a las urnas. Nadie espera que estas elecciones puedan resolver nada. Los problemas que sufre el país están más allá del poder de los políticos, quienes quieran que éstos sean. Mientras toda una generación de jóvenes, mejor preparados que nunca antes en la historia, se prepara para emigrar a donde sea llevándose con ella la inversión de fondos europeos en capital humano, la deuda del país aumenta sin parar a pesar del rescate de que fue objeto el otoño pasado. Buen aviso a navegantes: los rescates no resuelven los problemas. A veces, no hacen más que complicarlos.

Es lo que le pasa a Irlanda. El sistema bancario continúa sumido en un marasmo que ni siquiera es posible apreciar en su totalidad, fruto del absurdo empeño del gobierno saliente en garantizar la deuda preferente de los bancos; los vendedores de CDS localizados en Londres, Nueva York o Hong Kong le deben estar agradecidos, pero desde luego el contribuyente irlandés no. La teoría es que se trata de ganar tiempo hasta que se pueda vender los bancos a inversores internacionales, pero a éstos no se los ve por ningún lado ni ya se les espera siquiera. De hecho, el pago de intereses por la deuda bancaria está descapitalizando aceleradamente a las entidades. Buena parte de ellas se ha quedado sin posibilidades de obtener liquidez en el Banco Central Europeo por falta de activos de garantía. El BCE exige, en efecto, garantizar la devolución del dinero que presta con la entrega de activos rentables de alta calificación crediticia. Los bancos irlandeses empezaron a carecer de tales activos en agosto. Desde entonces ha crecido la preocupación por la forma que tienen los bancos irlandeses de obtener liquidez ahora. El dispositivo se llama ELA (siglas de emergency liquidity assistance), y lo gestiona el Banco Central de Irlanda, no el BCE. Descendemos a las cloacas del Eurosistema. Los activos de garantía que el BCE no puede aceptar, porque no son los suficientemente buenos, los toma el BCI, quien proporciona dinero a cambio. El dinero, ¿de quién? Del BCE, naturalmente, que lo suministra al BCI sin preguntar a qué lo destina; el BCI queda fiador, en caso de que los bancos no puedan devolverlo. Presuntamente, el BCI se cura en salud, primero, concediendo préstamos a muy corto plazo (una semana), aunque se renuevan repetidamente, hasta convertirse en una financiación semipermanente; segundo, el BCI aplica un fuerte descuento, concediendo préstamos por menos de la mitad del valor facial de los activos empeñados; tercero, el BCI cuenta con sus recursos propios para responder de los créditos que concede. Y si todo esto fuera insuficiente para recuperar el dinero prestado, el gobierno irlandés es avalista de último recurso. Dada la independencia del BCI respecto del gobierno de su país, el primero podría tomar posesión de cualesquiera activos públicos que pudieran venderse para obtener dinero o incluso apoderarse de cualquier importe de la recaudación de impuestos, hasta devolver al BCE el dinero prestado.

Es obvio por qué se empeña el BCE en presentar las operaciones ELA como algo normal. No lo son. El importe de ELA en Irlanda asciende a 51.000 millones de euros, o sea, que se ha comido ya más de la mitad de los 85.000 millones del rescate, y continúa creciendo muy deprisa. Para garantizar esa cifra, el BCI sólo dispone de recursos propios por importe de 1.500 millones, totalmente insuficiente. Hay dudas de si el BCI ha empezado a aceptar propiedades inmobiliarias de los bancos en garantía de las operaciones; si el BCI tiene que sacar esos activos al mercado, hundirá aun más los precios. Y el gobierno ya ha privatizado casi todo lo que se podía privatizar. Por tanto, sólo queda el bolsillo del contribuyente. No sorprende que los jóvenes quieran salir de allí a escape.

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miércoles, 23 de febrero de 2011

El sistema bancario, en tiempo de descuento

Lo peor del llamado modelo del ladrillo no fue haber desviado el ahorro nacional, de la industria y los servicios, donde buena falta hacía, a la construcción y la especulación inmobiliaria. Con ser eso malo, aun peor fue el haber conformado el sistema financiero para efectuar ese desvío como tarea prioritaria. Hace meses escribí en este blog que el cambio de modelo productivo no es cuestión de talismanes como el automóvil eléctrico, sino que presenta una faceta financiera sin resolver la cual todo cambio es ilusorio. Y añadí que, hasta que una empresa innovadora no obtuviera crédito para sus proyectos con la misma facilidad que los obtenía el promotor inmobiliario, llevando a la oficina bancaria una nota del registro de propiedad y un cálculo a ojo de cuántos apartamentos se podían levantar sobre ese suelo; hasta ese momento, no se podría hablar verdaderamente de cambio del modelo productivo. Hoy creo que los bancos (y las cajas) nunca estarán preparados para eso.

Todas las reformas financieras que ha emprendido el gobierno hasta ahora son una patata, y una patata muy cara. Llevamos tirados 11.000 millones del FROB y estamos a punto de tirar otros 20.000 millones del Fondo de Adquisición de Activos Financieros, que el gobierno acaba de rescatar pero ya ha empeñado en la recapitalización de las cajas de ahorros. Voy a ser extremadamente claro. Lo que digo no es producto del capricho o de una idea peregrina. Me baso en las lecciones de tres años de crisis financiera, aquí y en otros países de nuestro entorno.

No hay que meter un euro más en el sistema bancario, porque todo lo que se meta será dinero perdido. Si tienen que quebrar bancos o cajas, porque sus errores de gestión les llevan a una situación de quiebra, que quiebren. El gobierno deberá seguir garantizando los depósitos, e incluso diría que debe extender la garantía desde los 100.000 euros actuales al 100 por 100 de los mismos. Pero, si las cosas vienen mal dadas, los inversores privados, tanto accionistas como tenedores de deuda, lo mismo preferente que subordinada, deberán asumir íntegramente la pérdida que corresponda, que para eso están cobrando una prima de riesgo. Esto lo hemos aprendido en la crisis de Irlanda.

La economía española está en exceso bancarizada; será bueno desbancarizarla en medida apreciable. Para ello, hay que ampliar la financiación de las empresas a través de los mercados. El gobierno debería utilizar los 20.000 millones que quiere enterrar en desembarazar a la banca del crédito promotor (para lo cual esa cifra es totalmente insuficiente) en fomentar, en su lugar, la negociación de instrumentos como bonos de riesgo incierto emitidos por la pequeña y mediana empresa, especialmente la innovadora. Para ello, habría que capitalizar entidades de capital riesgo que adquieran esos bonos, los estructuren y emitan contra ellos bonos de titulización de capital-riesgo. Técnicamente, todo esto es bastante sencillo. No necesitamos los astrofísicos expertos en cálculos orbitales, que Bear Stearns dijo que necesitaba pagar (para justificar las altas comisiones que cobraba). ¿Que volveremos a correr la clase de riesgos que nos arrojó a esta crisis? De acuerdo, pero ahora sabemos más y estamos mejor preparados para evitar la difusión de activos potencialmente tóxicos, y sin correr riesgos no habrá inversión ni reactivación ni nada.

El gobierno tiene mucho que contribuir a todo esto. Podría desgravar la inversión en capital-riesgo - sobre todo, para proyectos innovadores - con el mismo entusiasmo con que se desgravó la inversión en vivienda o se desgravan todavía los planes de pensiones; creo que lo justo sería combinar ambos incentivos en uno solo, doble. Podría fomentar entre las empresas, con reducciones del impuesto de sociedades, la constitución de esquemas de garantía recíproca, que emitan los bonos de riesgo incierto, que así evitarán la calificación de “basura”. Y, si llegara a ser necesario, podría organizar un mercado oficial específico para la negociación de esta clase de activos emitidos por pymes y sus titulizaciones, mercado que acaso debería desvincularse del AIAF, demasiado especializado en grandes empresas.

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lunes, 21 de febrero de 2011

El modelo alemán

En este preciso momento, dos modelos económicos son los importantes. A efectos prácticos, los demás no cuentan. Al primero, en orden estrictamente cronológico, lo llamo el modelo de Hume, en honor de David Hume, filósofo inglés (maestro de Adam Smith, para más señas) que ya lo formuló de una manera coherente hace dos siglos y medio. Participando en el debate, al parecer animado en su tiempo, sobre el nivel de impuestos necesario para sostener los gastos de la corona británica, Hume opinó que la clave era que los contribuyentes fueran ricos, porque siendo ricos se podría recaudar lo suficiente aunque el tipo impositivo fuera reducido, y siendo reducido a ellos tampoco no les importaría demasiado pagarlo. ¿Y qué hacer para que fueran ricos? Desde luego, no abrumarles con impuestos, para empezar. Lo fundamental sería excitar sus apetitos consumistas, estimularles a producir para adquirir todo lo que pudiera ofrecerles el mercado. Si el apetito llegara a ser muy intenso, no tendrían más remedio que hacerse ricos para satisfacerlo, y habría que dejarlos en libertad de buscar el medio más adecuado para conseguirlo. Sencillo y claro, a más no poder. Este modelo se identifica con el laissez faire.

El segundo modelo surgió bastante después, hará unos ciento cincuenta años. Lo llamo el modelo de Lassalle, en honor del político y sindicalista alemán que lo pensó por primera vez. Ferdinand Lassalle observó que había una clase de individuos que nunca tendrían oportunidad de hacerse ricos: los obreros, naturalmente. Pero, a diferencia de lo que pensaba Karl Marx – competidor de Lassalle por la dirección del movimiento obrero alemán –, para quien el obrero no se haría rico porque estaba explotado, Lassalle creía que el obrero no podía hacerse rico sin arruinar al empresario, y sin empresarios ricos no habría empresas, ni empleo, ni obreros, ni nada. Enunció entonces una así llamada ley de bronce de los salarios, inspirada en la tesis del salario como reproducción de la fuerza de trabajo, del clásico inglés David Ricardo (más tarde expropiada por Marx), pero que en realidad iba mucho más lejos. Lassalle era un verdadero obrerista. Aun reconociendo – digamos, por razones sistémicas – que el salario debía ser lo estrictamente necesario para mantener al obrero en condiciones de subsistencia, quería sinceramente mejorar su condición y dirigir al movimiento obrero de la forma más adecuada para conseguir esa mejora. Concibió, a tal fin, la noción de salario indirecto, pagado en especie por el Estado – educación, sanidad, protección social de todo tipo – y sufragado por lo que básicamente serían impuestos. Los obreros debían dejar de preocuparse, o al menos de preocuparse en exceso, por la magnitud de su salario directo y atender más bien a la lucha política por hacer llegar al poder y mantener en él a partidos con el modelo de Lassalle como programa de gobierno.

Como se ve, el modelo de Lassalle no supone una crítica radical del modelo de Hume. Admite, con éste, un objetivo del capitalismo como es que algunos individuos se hagan ricos. Lo que ocurre es que no todos pueden intentar hacerse ricos si algunos han de serlo efectivamente; ni siquiera funciona si la mayoría, lejos de querer hacerse ricos, únicamente intentan ser menos pobres. De ahí la dureza de la Ley de Bronce. El arreglo, sin embargo, resulta aceptable si del enriquecimiento de algunos se sigue que, gracias a los impuestos que pagan éstos, todos pueden acceder a las ventajas de una sociedad moderna y tener la oportunidad, aunque sea en segunda generación, a través de sus hijos, de ingresar en el grupo de los ricos. Para ello es imprescindible que el movimiento obrero sea lo bastante disciplinado como para aceptar la Ley de Bronce y someterse a ella. Otto von Bismarck, el “canciller de hierro” y artífice de la unidad alemana, vio posibilidades en las ideas de Lassalle y llegó con él a acuerdos en varios puntos concretos. (En España, esas ideas fueron importadas por Gumersindo de Azcárate y difundidas a través de la Comisión – luego Instituto – de Reformas Sociales).

A la muerte de Lassalle y Marx, el movimiento obrero alemán quedó dividido entre los seguidores de uno y otro, aunque todos se mantuvieron en el mismo partido (socialdemócrata). Los seguidores de Lassalle, encabezados por Friedrich Ebert, se hicieron con el gobierno de Alemania en el marasmo que siguió a la Primera Guerra Mundial. En colaboración con los liberales de izquierda y el partido católico (Zentrum), que trataba de aplicar la doctrina social de la Iglesia, fundaron la República de Weimar, en gran medida inspirada en el modelo de Lassalle. Eran sin embargo malos tiempos para un experimento social así. Con el ascenso de Hitler, el experimento fracasó.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los católicos del disuelto Zentrum, liderados por Konrad Adenauer, se unieron a los protestantes que compartían sus valores sociales para formar juntos la democracia cristiana y recuperaron el modelo de Lassalle-Weimar, aunque sin llamarlo así. Ministro de Finanzas con Adenauer, Ludwig Erhard aprovechó las aportaciones de la escuela de economistas de la universidad de Friburgo, con Walter Eucken a la cabeza, para reformular el modelo conforme a un pensamiento cristiano, y lo rebautizaron economía social de mercado. Una de sus mejoras fue sugerir que, si los incrementos de productividad lo permitían, el salario directo tampoco tenía que ceñirse rígidamente a lo previsto por la Ley de Bronce, con lo que podría apartarse del nivel de subsistencia. Así, se preservaba en el obrero la dignidad de la persona (y se reintroducía la sociedad de consumo).

Los democristianos gobernaron ininterrumpidamente Alemania durante veinte años. En los dos primeros tercios de ese periodo, la socialdemocracia siguió dividida entre lassallianos, a quienes desesperaba ver a la derecha apoderándose de lo que históricamente había sido su modelo, y marxistas, para quienes la economía social de mercado era la prueba de que la burguesía podía apropiarse del modelo para legitimar la explotación capitalista. El líder socialdemócrata Willy Brandt resolvió el dilema en el famoso congreso de Bad Godesberg, en 1959, donde el partido rompió con el marxismo. A partir de las conclusiones de ese congreso, socialdemócratas y democristianos llegaron en 1966 a formar gobierno juntos (la Gran Coalición), y juntos se mantuvieron tres años consolidando las bases de lo que se ha dado en denominar “capitalismo renano” (Rheinischer Kapitalismus), y que no es sino el resultado de aplicar consecuentemente el modelo de Lassalle-Weimar-Friburgo. Casi medio siglo después, la Gran Coalición – repetida ocasionalmente, como en el primer mandato de Angela Merkel – continúa interpretándose como un verdadero pacto de Estado, al que en lo esencial han sido fieles los principales partidos. Cuando gobiernan los socialdemócratas, se preocupan sobre todo de aumentar el salario indirecto sin detrimento de la productividad; cuando gobiernan los democristianos, priorizan los incrementos de productividad respetando el salario indirecto. El modelo presenta incomprensiones, desajustes, fallos e incluso esporádicos renuncios y deslealtades. Pero nada que funciona es perfecto.

[A Detlev Albers, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Bremen, presidente regional del SPD en esa circunscripción, y buen amigo que nos descubrió el capitalismo renano, in memoriam; a Juan Velarde, que me reveló la importancia de la Escuela de Friburgo, y a EIDA, donde aprendí la noción de salario indirecto y sus complejas relaciones con el directo, hace más de treinta años].

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sábado, 19 de febrero de 2011

El G-20 se reúne, una vez más

A primera vista y degradada de encuentro de jefes de Estado y gobierno a mera asamblea de ministros de Economía y Finanzas, la reunión del G-20 se ha convertido en la cumbre mundial de la tecnocracia. Los políticos no supieron qué hacer con la crisis y ahora delegan en los técnicos. Pero los técnicos no saben tampoco qué hacer. Lo que saben es que unos activos tóxicos destruyeron la confianza, pero no tienen ni idea de cómo restaurarla. Tienen tan poca idea que quieren empezar por ponerse de acuerdo en una serie de indicadores que les diga, sin error posible, qué pasa. O sea, empiezan por tratar de armar un oráculo. Es improbable, con todo, que lleguen siquiera a acordar eso.

Y como los técnicos no se ponen de acuerdo, los políticos vuelven a ocupar la escena, cada uno barriendo para casa. La cosa empezó con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, como anfitrión de la cumbre, tratando de convencer al G-20 de que hay que poner freno a la especulación en los mercados de materias primas, que amenaza con provocar una crisis alimentaria global. Los países emergentes ya han dicho que, de eso, nada. Según éstos los precios de las materias primas suben por la expansión monetaria en los países desarrollados, que empuja el dinero hacia los mercados donde se intercambian aquéllas. Ni Estados Unidos ni Europa tienen intención de modificar sus políticas, de momento.

En el segundo acto, y vista la airada reacción de los países emergentes, la cumbre está degenerando en precampaña de las presidenciales francesas, a lo que contribuye que la reunión se celebre en París. El director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, presente en la cumbre, ha venido a sostener la teoría de que la economía mundial empieza a reactivarse a dos velocidades, y que el problema lo tienen los países de la velocidad lenta. Parece consolador, pero no hay que fiarse. Strauss-Kahn aspira a ser designado candidato socialista a disputarle la presidencia a Sarkozy. Como Francia crece menos que la media europea, el aun director del FMI sin duda confía en atacar a Sarkozy, desde una posición de autoridad técnica, por haber mantenido a Francia en el pelotón de los torpes. (Tendría gracia que el líder supremo de la tecnocracia global acabara convertido en paladín de la izquierda política francesa).

La reacción de la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, es comprensible. En dos intervenciones en la cumbre, ha insistido en que el problema de la economía mundial radica en los desequilibrios cambiarios, las bruscas oscilaciones en las cotizaciones de las distintas monedas. Tesis que la ha llevado defender una profunda reforma del sistema monetario internacional. Uno apostaría por esta teoría, pero tampoco hay que fiarse. Siendo el mantenimiento de la estabilidad cambiaria negociado principal del FMI, el análisis es una crítica implícita a este organismo – y, por supuesto, a su director – por la incapacidad demostrada en la gestión de la crisis. No sin motivo, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, ya ha dicho que a él no le metan en sus peleas: Alemania rechaza todo límite impuesto a sus exportaciones, que – según él – tienen su origen en la productividad de su industria y no en la manipulación de los tipos de cambio.

Uno estaría tentado de decir otra cosa.

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viernes, 18 de febrero de 2011

Apuros de España con la deuda

Aquí se echa las campanas al vuelo por menos de nada. Ahora, se celebra que el Tesoro haya logrado colocar dos emisiones esta semana – el martes, una de letras a 12 y 18 meses, el jueves otra de obligaciones a diez y veintiséis años – en lo que supone una rebaja de intereses por cuarta y quinta vez consecutiva. Los más optimistas saludan el final de la crisis de la deuda soberana para nuestro país, al mismo tiempo – y éste es un dato crucial – que los analistas dan por descontado el rescate de Portugal. El mercado está aprendiendo a distinguir entre países periféricos buenos y malos. Nosotros somos de los buenos. ¡Faltaría más! España es la mejor.

Pero un análisis un poco menos teñido de papanatismo arroja dudas. En letras el Tesoro esperaba adjudicar entre 5.500 y 6.500 millones y adjudicó efectivamente poco más del volumen medio esperado, o sea, 6.100 millones. En obligaciones, el Tesoro esperaba colocar entre 3.000 y 4.000 millones, pero ha colocado efectivamente 3.400 millones, algo menos del promedio esperado. ¿Por qué no ha llegado siquiera al promedio? Porque, aunque como se hace público a bombo y platillo, las peticiones superan en bastante a lo adjudicado, lo no adjudicado no se puja al mismo interés que lo adjudicado sino a uno mayor. Así, al último interés aceptado o interés marginal (5,22 %), las peticiones ascendían a 352 millones de euros. Al siguiente tipo de interés, superior al marginal, las peticiones eran sólo de 35 millones. Si ésa ha sido la tónica general, lo que no sabemos porque el Tesoro no publica más información, entonces aumentar en 100 millones lo adjudicado para acercarse al promedio esperado habría exigido quizá tres o cuatro saltos en tipo de interés hacia arriba, lo que habría desbaratado el favorable efecto psicológico de la reducción aparente en los intereses que pagamos. En otras palabras, a los tipos que España quiere pagar, realmente no hay mucho más dinero que el que se ha sacado. No es el peor de los mundos posibles, pero tampoco es tan bueno como se nos quiere hacer creer. Y la percepción coincide con la marcha del mercado secundario, donde la prima de riesgo del bono español a diez años – el subastado hoy – comparativamente al bund alemán se mantiene por encima de los 200 puntos.

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jueves, 17 de febrero de 2011

Frankfurt se come a Wall Street

Anteayer conocimos una de esas noticias que hacen historia. Yo la comparo con el dato – del que tuvimos noticia en 1986 – de que el año anterior las transacciones financieras entre ambas orillas del Pacífico habían superado por primera vez a las transatlánticas, noticia que para mí supuso tomar conciencia de la globalización.

Cuando hace una semana se dio a conocer la fusión de las Bolsas de Londres y Toronto, a pocos extrañó que la primera se quedara con el 55 por 100 del capital de la entidad resultante, y la segunda únicamente con el 45 por 100. Hay cosas que caen por su propio peso. Pero cuando se supo que las Bolsas de Wall Street y Frankfurt también han cerrado un acuerdo de fusión, lo más llamativo fue que la alemana se queda con el 60 por 100 de la fusionada y la neoyorquina, sólo con el 40 por 100.

Hay, pues, un proceso generalizado de fusiones internacionales en las Bolsas de todo el mundo. La cosa empezó en 2000, con la creación de Euronext, producto de la fusión de las Bolsas de París, Bruselas y Ámsterdam; la de Lisboa y Oporto se sumó al acuerdo dos años después. En 2007, Euronext y la Bolsa de Wall Street se fusionaron a su vez, para dar como resultado NYSE Euronext, entidad que es la que acaba de unirse a Deutsche Börse, propietaria de la Bolsa de Frankfurt.

No está claro por qué los directivos de NYSE (siglas de New York Stock Exchange) han aceptado una posición subordinada frente a los alemanes. Una explicación que se ha dado es que Deutsche Börse tiene mayoría de accionistas estadounidenses, de manera que éstos tendrán, directa o indirectamente, el 55 por 100 del capital de la nueva sociedad; los británicos, un 23 por 100, y los alemanes sólo el 11 por 100. Pero no está claro que esto sea así. Primero, porque 10 de los 17 puestos en el consejo de administración serán para alemanes. Segundo, porque el departamento de Justicia y la SEC – especie de Comisión del mercado de valores – estadounidenses van a examinar la fusión con lupa, lo que es signo de que no les gusta un pelo. Ya hay bufetes de abogados que preparan demandas multimillonarias contra los directivos de NYSE por no haber defendido adecuadamente los intereses de sus accionistas. Está pendiente la elección de nombre, y muchos norteamericanos exigen que las siglas NYSE encabecen el que se elija, como ya antes ocurrió con Euronext.

Dejando a un lado crisis particulares de la sociedad norteamericana por la caída de otro de sus símbolos, lo más probable es que todo se deba a un estricto cálculo económico. Se ha sabido que Deutsche Börse tiene un valor de mercado de 15.000 millones de dólares, frente a 10.000 millones de NYSE Euronext. Pero la razón tiene que estar en la previsión de beneficios futuros. Los operadores de Wall Street sin duda aspiran a llevarse la parte del león de esos beneficios, toda vez que el nuevo gigante nace con una declarada vocación por expandir el mercado global de productos derivados. Han observado, probablemente con acierto, que los derivados están mucho más extendidos en Estados Unidos que en Europa, razón por la cual los operadores de allí tienen más experiencia y más competencias adquiridas en esa clase de negocio que los de aquí. Son aquéllos, por tanto, quienes tendrán mejores oportunidades de sacar tajada.

Y los alemanes, ¿no sacan nada? Por supuesto que sacan, pero en el mercado de valores más que en el de derivados. Mientras hasta ahora los operadores bursátiles europeos – excluidos los de Euronext – trataban directamente con Nueva York, en adelante encontrarán ventajoso operar en Nueva York pasando por Frankfurt. Eso supondrá muchos millones de euros en comisiones para los operadores alemanes. Además, bastantes empresas europeas, aunque no sean alemanas, querrán cotizar en Frankfurt ya que, por el mismo precio, estarán cotizando en Nueva York, y en París y en... Lo cual desviará negocio desde las Bolsas nacionales desconectadas de este proceso.

¿Y la Bolsa española?

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miércoles, 16 de febrero de 2011

¿Nucleares?

El PSOE ha pactado en el Senado con CiU y PNV suprimir, en la ley de Economía Sostenible, el límite de 40 años de vida útil de las centrales nucleres, que estaba en el proyecto aprobado por el Congreso. Se ha levantado un buen revuelo, con los periodistas preguntándose si hay un cambio de política del gobierno, los partidos de la oposición diciendo que sí y el PSOE y el presidente diciendo que no. ¿Qué ha ocurrido, en realidad?

Llevo muchos meses pronosticando que el gobierno necesita, no sólo mantener las centrales nucleares, sino aumentar su número. De otro modo, no habrá modo de que el ministro Sebastián saque adelante su coche 100 por 100 eléctrico. Para cambiar todo el parque automovilístico, de gasolina y diesel a 100 por 100 eléctrico, harán falta quince centrales nucleares más. Y he sostenido que la subida de la tarifa eléctrica tiene como finalidad recapitalizar a las grandes compañías del sector para empezar a construir alguna nueva.

¿Cómo encaja la cabriola parlamentaria en este contexto? El gobierno no puede cambiar de la noche a la mañana, pero con el pacto de ayer el PSOE se prepara para un tripartito a escala nacional. Si incluso ganando el PP las elecciones de 2012, no obtuviera mayoría suficiente para gobernar, y si la previsible debacle electoral del PSOE fuera soportable, entonces un viraje radical en la política nuclear sería un quid pro qu más que justificado, una moneda de cambio aceptada por los nacionalistas, para un pacto de legislatura. A esto se le llama matar dos pájaros de un tiro.

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martes, 15 de febrero de 2011

Melodrama del cine español

Los ingresos de taquilla y otros de mercado del cine español en 2010 fueron de 70 millones de euros; las subvenciones, 90 millones. Eso quiere decir que el 56 por 100 de los ingresos fueron sufragados por el contribuyente; consecuentemente, la entrada a una película española habría debido ser más del doble que lo que cuesta una película extranjera. Aun con la subvención, los ingresos cayeron considerablemente con respecto a 2009, mientras los del cine norteamericano en España subían.

Está claro lo que ocurre. El público español acude a las salas a ver películas con grandes dosis de efectos especiales, cuya espectacularidad pierde mucho en las pantallas de televisión u ordenador; esa clase de cine no está al alcance, en general, de las productoras españolas. Quizá por esa razón, el cine español continúa empeñado en un concepto próximo al “cine de autor”, muchas veces costumbrista y algunas intimista, que pierde mucho menos en pantallas no convencionales. Además, cualquiera puede contar con que las películas españolas, sobre todo las más sonadas, serán programadas por televisión rápidamente. (Por ejemplo, el sábado pude ver El baile de la Victoria, nominada para un óscar el año pasado). En estas condiciones, ¿quién va al cine, sabiendo que pronto podrá verlas en la pequeña pantalla? Incluso parece que las subvenciones llevan incorporada la posibilidad de reproducirlas en la televisión pública; de hecho, parecen rodadas para la televisión pública. Todo esto, sin contar con el pirateo en internet.

El propio cine español reconoce la superioridad del estadounidense, con el mimetismo de galas como la de los goyas, alfombra roja incluida. La celebración del domingo fue un auténtico “quiero y no puedo”, ridiculeces y gusto (malo) por las palabras malsonantes y bromas fuera de tono aparte. Lo único digno fue el discurso del presidente dimisionario, Alex de la Iglesia. TVE sintió la necesidad de manipularlo. Por ejemplo, se dijo que él había querido zanjar sus diferencias con el ministerio Sinde, cuando lo que hizo fue dejar las espadas en alto. “Ya no hay vuelta atrás”, se interpretó como que, una vez aprobada la ley de descargas, había que aceptarlas, cuando es evidente por el contexto que se refería a la presencia de internet en nuestras vidas y no a la ley. Hasta los premios dejan esa sensación de manipulación. Su Balada triste de trompeta fue claramente penalizada; bueno, a lo mejor podría decirse que no se la premió lo bastante precisamente por ser obra del presidente de la Academia. Pero Pa negre de Agustí Villaronga, que será una buena película, no digo que no, se ha cargado de galardones. No se me van de la cabeza recientes declaraciones del director, en que decía: “Como internauta, yo hago descargas como todo el mundo; pero, si eso perjudica al productor que paga la película, entonces es un problema”. Perdón, como todo el mundo, no. Yo, que me opongo a prohibir las descargas – y, por tanto, a la ley Sinde – no realizo descargas jamás, porque en mi fuero interno creo que debo respetar la propiedad intelectual. Es así como veo el asunto, como un problema ético, que sólo la educación puede resolver a largo plazo. Pero resulta llamativo que alguien que no muestra ningún pudor en confesar su absoluta carencia de principios éticos, por vía de sus intereses corporativos acierta a dar con lo políticamente correcto. Y eso se premia.

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lunes, 14 de febrero de 2011

Salarios y productividad

Salió Merkel con lo de ligar los salarios a la productividad, y ya lo han comprado el expresidente González y algunos otros. Sobre esto, lo más sensato que he escuchado son las palabras de Juan Antonio Maroto, profesor de la Complutense, en una aparición televisiva esta semana. Utilizó el símil de una farmacia tradicional, donde pedimos un medicamento, el dependiente se mete en el almacén, nos lo trae, lo pagamos y nos vamos; pagarle un salario con arreglo a la productividad sería pagarle conforme al número de medicamentos que despacha. Imaginemos, ahora, una farmacia tecnificada, donde el medicamento se pide a través de un teclado, y un robot de almacén lo busca, lo encuentra y lo manda por una cinta transportadora. Un dependiente así despachará mucho más. ¿Habrá que pagarle en proporción a lo que despacha? El interlocutor que habían puesto a Maroto, contestó con entusiasmo – como buen liberal doctrinario – que sí. ¡Y el buen hombre pasa por profesor en una escuela de negocios!

Pues claro que no se paga al dependiente con arreglo a su productividad. Para eso existe la negociación colectiva, ¿es que no se han enterado? Sólo tenían que haber reparado en la reacción de la CEOE a la propuesta de Merkel. El dueño de la farmacia más capitalizada cuenta con la negociación colectiva – y no la de empresa, sino la sectorial – para pagar a su dependiente con arreglo a la productividad del dependiente menos productivo, y confía en que el sindicato acepte por solidaridad con el menos productivo (no es su culpa, sino de su patrón que no quiere invertir) pues con un salario más elevado la farmacia tradicional tendría que cerrar y su empleado se iría al paro.

Esto es, precisamente, lo que predice la Teoría: que el salario de todos se paga con arreglo a la productividad del empleado menos productivo (más pequeños ajustes llamados “primas de rendimiento”), no conforme a la productividad de cada cual. Es lo que se llama la productividad marginal. ¿Dónde estaría tanto sesudo tecnócrata el día que explicaron esa lección? Incluso si se quiere explicar la cosa con la teoría alternativa de los “salarios de eficiencia”, basta con pensar un poco para darse cuenta de que al trabajador más productivo se le paga siempre menos, proporcionalmente a su rendimiento, que al menos productivo. De otra forma, no tendría sentido que los empleadores capitalizaran sus empresas para incrementar la productividad de los empleados, ¿o sí?


[Nota: El tema de salarios y productividad es tratado con mayor profundidad en una entrada posterior: aquí].

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sábado, 12 de febrero de 2011

Turquía le gana la partida a Israel

Durante lustros, Turquía fue el principal amigo de Israel en la región, aunque sólo fuera porque era la única democracia. Egipto era más bien un lacayo, del que Turquía estaba enemistada debido a la complicidad de Mubarak con el bloqueo de Gaza, destinado a ahogar el gobierno de Hamas, rama palestina de los Hermanos Musulmanes; la rama egipcia mantiene estrechas relaciones con el partido de la Justicia y el Desarrollo, que gobierna Turquía. En un difícil equilibrio, Erdogan, el premier turco, cultivó la amistad de Israel con objeto de “dulcificar” el trato a los palestinos. Los ejércitos israelí y turco cooperaron estrechamente, Turquía adquirió sistemas de armas de Israel y las inteligencias de ambos países intercambiaron información con fluidez.

La Operación Plomo Fundido (Cast Lead), en diciembre de 2008 a enero de 2009, con más de mil víctimas, en su mayoría civiles, cambió radicalmente la percepción turca de la situación. Pocas semanas después, Erdogan protagonizó en el foro de Davos un agrio enfrentamiento con el presidente israelí, Shimon Peres. Luego el primero, en comandita con Lula da Silva, se aproximó a Ahmadinejad, y trató de mediar entre Irán y Occidente. Finalmente, en mayo del año pasado, Turquía patrocinó una expedición humanitaria por mar para romper el cerco de Gaza. Comandos israelíes la asaltaron en aguas internacionales, abrieron fuego y mataron a nueve activistas por la paz. Turquía exigió disculpas de Israel, pero Netanyahu, el premier israelí, declinó despreciativamente la petición. Una comisión interna acaba de exculpar al mando israelí.

Turquía ha influido considerablemente en la creciente moderación de los Hermanos Musulmanes. Con el tiempo, la ambición de Erdogan es fundar una réplica islámica de la democracia cristiana europea. En esta crisis, el bajo perfil de los islamistas egipcios deja entrever la mano de sus socios turcos. Los resultados justifican plenamente la estrategia turca. Pase lo que pase, los Hermanos Musulmanes no podrán ser marginados de la política egipcia. Con Mubarak y – previsiblemente – Suleimán alejados del poder, Egipto no va a continuar “sellando” la frontera de la franja de Gaza. Al mismo tiempo, los islamistas egipcios tratarán de influir en sus Hermanos palestinos, mientras Turquía contunúa tratando de romper el bloqueo (hay una segunda flotilla programa para mayo de este año), todo lo cual contribuirá a persuadir a Hamas a que abandone la violencia. Por otra parte, la inteligencia turca intentará reemplazar al Mossad como socio de la inteligencia egipcia. La soledad de Israel, política, diplomática, militar y de inteligencia, aumentará.

En verdad, lo increíble parece, en este momento, posible: que cambie radicalmente el escenario estratégico del Próximo Oriente, y que ese cambio sea favorable a la paz.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Leve mejoría del mercado inmobiliario

Un signo positivo, que anticipé aquí hace algunos días a partir de estimaciones de los operadores británicos en el mercado español de viviendas de segunda mano. Ellos hablaban de una clara reactivación en mercados locales, como Marbella, Alicante y Mallorca, probablemente combinado con un estancamiento del resto del mercado nacional. Ahora, informa el INE que la venta de viviendas en 2010 ha aumentado un 7 por 100 con respecto a la de 2009.

La explicación que se da aquí es un tanto diferente: los inversores españoles, y no tanto los extranjeros, habrían adelantado sus compras en previsión de la desaparición, en diciembre, de la desgravación fiscal a la compra de primeras residencias para las rentas altas y medias (se mantiene para las bajas). Se trataría, por tanto, de compradores sin problemas de liquidez o con facilidad de crédito: los bancos siguen prestando a los clientes más solventes. Pero una reactivación sostenida del mercado exigiría la incorporación de compradores a crédito cuya solvencia sea sólo relativa. Y, para éstos, el grifo del crédito está tan cerrado como hace dos años.

Sin crédito – y éste es un problema de los bancos en no menor medida que de las cajas – pretender que se reactive la economía española es como arrancar el vehículo con el freno de mano puesto. Puede avanzar, sí; y eso contentará a los más incautos. Pero no se puede decir que esté en marcha.

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jueves, 10 de febrero de 2011

Cómo lo ve el mercado

El precio de los CDS – derivado financiero que asegura contra el impago – de la deuda soberana española ronda los 230 puntos básicos (pb), lo que significa que el mercado asigna un 10 por ciento de probabilidades a la suspensión de pagos de España. El de la deuda portuguesa anda por los 417 pb, o una probabilidad de quiebra del 18 por ciento. Asesurar la deuda irlandesa cuesta 560 pb, con una probabilidad de quiebra del 25 por ciento. La palma se la lleva la deuda griega, con más de 800 pb, o una probabilidad que ronda el 35 por ciento. Si uno de cada tres operadores cree que Grecia suspenderá pagos, uno de cada cuatro lo piensa de Irlanda y casi uno de cada cinco lo cree de Portugal, únicamente uno de cada diez opina que España irá a la bancarrota, por decirlo de una manera quizá no muy exacta pero sí gráfica.

No salimos tan bien librados cuando nos comparamos con Túnez, en plena revolución, con 170 pb (ó 7,5% de probabilidad de quiebra), y mucho menos con Arabia Saudita (108 pb, ó 5% de probabilidad de quiebra) y el Reino Unido (60 pb, ó 2,5%: uno de cada cuarenta).

Eso, suponiendo que el inversor perdiera todo su capital. Si, alternativamente, se supone que el inversor puede recuperar el 50 por ciento de su inversión (un supuesto que tiende a ser el habitual del mercado), entonces los 230 pb de España significan una probabilidad de quiebra del 20 por ciento, es decir, que uno de cada cinco operadores cree que España incumplirá sus compromisos financieros. Uno de cada tres cree que Portugal lo hará. La mitad, que incumplirá Irlanda. Y dos de cada tres, que Grecia quebrará.

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miércoles, 9 de febrero de 2011

El problema Zapatero

La crisis de la deuda sigue dando vueltas de tuerca, aunque el gobierno pretenda ignorarlo. Ayer mismo, el diferencial del bono español con el alemán superó de nuevo los 200 puntos básicos. Pero no es sólo la deuda soberana; también es la bancaria. El Banco Santander emitió hace un mes bonos a cinco años y tuvo que pagar un diferencial de 287 puntos básicos, tres veces más que hace un año; un día antes, BBVA emitió pagarés a tres años y tuvo que pagar 310 puntos de diferencial. A efectos de comparación, el mayor banco italiano, Unicredit, emitió hace una semana deuda a doce años con un diferencial de 210 puntos, y el segundo de ese país, Intesa Sanpaolo SpA, hace tres semanas pagó 208 puntos. En resumen, nuestros mejores bancos pagan un diferencial casi un 50 por 100 mayor que los mejores italianos, lo que empeora la competitividad internacional de aquéllos. No hablo ya de los franceses o los alemanes.

Mientras, el gobierno sigue dándose homenajes a cuenta del acuerdo económico y social. Zapatero nos instruye diciendo que ese acuerdo significa que hay en nuestro país una conciencia colectiva de afrontar con seriedad los problemas, y que ese mensaje llega tanto a la sociedad como a los mercados. No tiene ni idea. Se cree que a los mercados se les puede manipular como a la opinión pública. En política cuando alguien quiere A, se le puede dar largas mientras que se le ofrece B (algo que no quería pero tampoco le parece mal), y retener así su voto; los mercados, si quieren A, no sirve de nada darles B, C, D, E o lo que se quiera. Si los mercados quieren una cosa, hay que darles eso y no ninguna otra cosa; en caso contrario, sería mejor no haberlos necesitado. Y lo que los mercados quieren ahora es ver disminuir los riesgos de la banca española, porque si la banca suspende pagos, tendrá el gobierno que salir fiador; y está menos para fiar que para que le fíen. Cuando se ve aumentar el número de parados, como la semana pasada, lo que los mercados piensan es que más familias dejarán de pagar la hipoteca y los riesgos de la banca, en vez de disminuir, aumentarán, cuando, por otra parte, la estimación de necesidades de capitalización de la banca por importe de 20.000 millones, hecha por el gobierno, parece francamente insuficiente. De nada sirve ofrecer a los mercados una reforma de las pensiones que habría hecho falta dentro de treinta años. Esto, más que el compromiso del gobierno y todas esas zarandajas de la conciencia colectiva, lo que demuestra es su deseo de evadirse de los problemas reales.

Cada uno puede tener los mercados la opinión que le dé la gana, pero es muy peligroso mantener una actitud inadecuada frente a ellos, en román paladino, pretender engañarlos. Nada se arreglará más tarde, cuando rehúsen dejarse engañar, llamándoles “especuladores”. Este concepto, que es crucial, no lo tiene nada claro Zapatero. Y eso empieza a ser un serio problema para España.

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martes, 8 de febrero de 2011

La gran transformación

La opinión occidental teme, de la crisis egipcia, particularmente al ascenso de los Hermanos Musulmanes. Se está haciendo todo lo posible para bloquear su paso, incluso el convocarles a conversaciones comprometedoras con el vicepresidente y hombre fuerte del régimen, Omar Suleimán. Es un enfoque cicatero. Primero, los Hermanos Musulmanes no son mayoritarios en Egipto; segundo, llevan años siendo educados por los islamistas turcos. Ya sólo hay un punto en el que pueden resultar conflictivos para Occidente: no van a permitir que Israel machaque a sus correligionarios de Gaza (Hamás: los Hermanos Musulmanes palestinos) siempre que le venga en gana, como Mubarak y la seguridad del régimen, mandada por Suleimán, llevan facilitando desde hace años. Todo el enfoque occidental del problema depende de un solo punto: la seguridad de Israel, y empieza a estar desfasado.

Los islamistas turcos han dado suficientes pruebas de voluntad democrática; los egipcios están aprendiendo de ellos. ¿Por qué no va a haber una democracia islámica lo mismo que hay una democracia cristiana, demomusulmanes lo mismo que democristianos? Un mapa de Oriente Próximo en el que tales demomusulmanes compitan limpiamente con nacionalistas laicos, o incluso con socialistas asimilables a socialdemócratas, es perfectamente concebible. Lo mismo que es absurda la visión de Bin Laden, de un Próximo Oriente del siglo XXI en plena continuación de las Cruzadas, es inaceptable la visión de Israel como país bendecido por el “dios de los ejércitos” y en guerra permanente, abierta o latente, con sus vecinos canaaneos. Y, desde luego, ¿qué nos importa a nosotros, europeos, la fantasía norteamericana que ve a los israelíes como colonos del Oeste y a los árabes como indios salvajes a los que ir confinando en reservas?

En cambio, es perfectamente razonable un Oriente Próximo en proceso de integración económica, a imagen y semejanza de lo ocurrido en Europa, que tome por pilares fundamentales a Egipto, Israel y (quizá) Turquía, como países plenamente democráticos, con la adición de algunos socios de menor entidad, como Siria, Jordania, Líbano y el Estado palestino. Este enfoque únicamente requiere mucha perseverancia de Turquía, transformaciones más o menos profundas de los demás, y comprensión y ayuda de Occidente. Estados Unidos nunca entenderá esta manera de abordar el problema. A la Unión Europea le toca, por así decirlo, exportar una tecnología social cuya aplicación no reviste el carácter de singularidad histórica que algunos le atribuyen.

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lunes, 7 de febrero de 2011

Cincuenta siglos nos contemplan

Cuesta descifrar el jeroglífico egipcio. Oigo a periodistas preguntarse, atónitos, cómo es posible que Mubarak se mantenga todavía, si nadie le apoya explícitamente y todo el mundo censura su despotismo. No es cierto ni lo uno ni lo otro. Apoyan a Mubarak Israel y las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, de forma directa aunque discreta; Estados Unidos lo hace escondiendo la mano, como es lógico. Obama le pide a Mubarak que se vaya, pero no osaría contradecir al poderosísimo lobby judío de su país, que apoya lo que apoye Israel. Como consecuencia, Obama se ha limitado a dar la orden – a través de conductos puramente castrenses – de que el ejército egipcio no intervenga. Y no interviene, de momento. Por su parte, Europa, como de costumbre en asuntos de Oriente Próximo, está a verlas venir: mucho hablar, pero en vano. Y eso que para las economías mediterráneas es fundamental que Egipto inicie un desarrollo sostenido, como registran muchas economías emergentes. Pero para la Europa del Norte el problema económico es secundario; lo que más les preocupa es la seguridad.

La posición de Israel es desesperada, y de ahí que sea peligrosísimo que controle la agenda de Occidente. ¿De dónde que Suleimán, jefe de la inteligencia egipcia y amigo del Mossad, sea vicepresidente y candidato de Occidente a pilotar la transición? Netanyahu cree que, por la democratización, vendrá el islamismo radical de los Hermanos Musulmanes. Más bien, es al revés. Ahora la iniciativa la llevan jóvenes occidentalizados y demócratas, que sufrirán una intensa frustración si fracasan por la inacción de Occidente. Entonces, la dirección del movimiento pasará a los mullahs radicales y será verdad que hay riesgo de una revolución islámica. Pero no es menos cierto que Israel tampoco tiene nada que ganar con una democratización “a la europea”, digamos, similar a la de la Europa oriental tras la revolución de terciopelo de 1989. Porque, de una forma u otra, los Hermanos ganarán influencia, e incluso los más moderados entre ellos (que son quienes mandan en este momento) van a ser reacios a permitir que el gobierno ayude a Israel a machacar a sus correligionarios de Hamas – los Hermanos Musulmanes palestinos – en la franja de Gaza, como el corrupto Mubarak no ha dudado en hacer desde hace años.

Un Egipto democrático vendrá a alterar el tablero geopolítico del Próximo Oriente, y de manera mucho más profunda que lo harán los cambios en países de menor envergadura, como Túnez, Jordania o incluso Siria. Si hubiera que señalar a un ganador de esta crisis, ya es, pase lo que pase, Turquía. Erdogan, primer ministro turco y líder del islamismo de su país, lleva años trabajando con los Hermanos Musulmanes, y a él hay que atribuir, en gran medida, la moderación de los islamistas egipcios, que se aprestan a seguir el paso democrático de los turcos. Fruto de la influencia turca es el bajo perfil de los Hermanos durante la crisis, y su disposición a negociar con el propio Suleimán. Pero nada volverá a ser lo que era. En este sentido, la crisis es el primer castigo, severo de verdad, que Erdogan propina a Netanyahu por el ataque a la llamada “flotilla de la libertad”, barcos bajo bandera turca que se dirigían a romper el cerco de Gaza – un servicio a los Hermanos, tanto palestinos como egipcios – y que fueron abordados por comandos israelíes, que abriendo fuego durante la acción, mataron a nueve personas e hirieron a otras muchas, a mediados del año pasado. Israel se negó a disculparse, e incluso se ha exculpado a sí misma – como no podía ser de otro modo – en una investigación interna cuyo resultado se conoció recientemente. Ahora, Ankara está demostrando que su poder es muy superior al imaginado tanto por Israel como por Occidente y que su ira merece ser temida.

Es dudoso que todos ignoraran que esta crisis iba a estallar. Probablemente, la revuelta tunecina adelantó la protesta egipcia. Ésta debía de estar preparándose para septiembre, cuando Mubarak planeaba sucederse a sí mismo en la persona de su hijo. Turquía, que no ha despegado los labios, conocía lo que se estaba cociendo. Y la seguridad egipcia, también. Tras lo visto estos días en las calles de El Cairo y Alejandría, caben pocas dudas de a quién atribuir la matanza de cristianos en una iglesia de esta última ciudad, hace pocas semanas, y con qué fin se perpetró. Felizmente, el intento de dividir a los egipcios y enfrentarlos en una guerra civil de religión fracasó.

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sábado, 5 de febrero de 2011

El Plan de Competitividad que se nos viene encima

No teníamos bastante con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que ha prolongado innecesariamente la presente crisis en Europa, y ya se nos anuncia la negociación y puesta en marcha de un Plan de Competitividad a escala europea. Las cábalas se han disparado y el menor gesto de Angela Merkel es analizado para atisbar de qué puede ir la cosa. Las sugerencias de la cancillera sobre el mercado de trabajo – en concreto, desvincular los salarios de la inflación y ligarlos, en su lugar, a la productividad – encienden luces de alarma en el cuadro de mandos de los agentes sociales. La propuesta de limitar por imperativo constitucional el déficit público ya era conocida.

Hace años, en una celebración de una universidad del este europeo a la que fui invitado, conocí al entonces rector de la universidad alemana de Wuppertal, que resultó ser profesor de ciencia política. Le pregunté su opinión sobre Merkel. Recuerdo bien lo que me respondió: “Es muy hábil en el juego del poder”. Ahora lo está demostrando. Merkel sabe mejor que nadie, entre otras cosas porque así es también en su país, que la fijación de los salarios debe dejarse a la autonomía de las partes negociadoras, patronal y sindicatos. Como sabe, igualmente, que modificar la constitución en ciertos países puede resultar costosísimo; en alguno, como el Reino Unido, es imposible porque carece de constitución escrita. Todo esto parece un juego de pantallas destinado a tapar su verdadero propósito. ¿Y cuál puede ser éste?

Algo que prácticamente ya ha conseguido. La fortaleza del euro, que ahora se trataría de asumir colectivamente como un principio doctrinal de la gobernanza económica de Europa. Ya lo ha conseguido en la práctica, ya que ésa es la política de Banco Central Europeo desde el otoño de 2009; para algo tiene el BCE su sede en Francfort. Y ya lo ha conseguido en gran medida también en el plano de los principios a juzgar por las declaraciones, ampulosas y grandilocuentes, como todas las suyas, de nuestro presidente, para quién un euro fuerte es un reflejo de nuestra propia fortaleza como sociedad. Bien se ve que no sabe una palabra de economía.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Reunión de pastores

Angela Merkel ha estado en Madrid. Unos dicen que vino a darnos instrucciones, dentro de ese supuesto protectorado económico al que aceptamos someternos en mayo pasado. Otros, que a dar respaldo al reciente acuerdo social, a la reforma de las pensiones y a todas las medidas tendentes a reestablecer la confianza, que viene adoptando desde hace un año el gobierno español. Ni tanto, ni tan calvo. La realidad es que esta reunión forma parte de la gobernanza económica de Europa, que muchos por aquí echaban de menos y que, miren por dónde, ya empieza a funcionar. Y se comprobará en el Consejo Europeo de hoy viernes.

Merkel vino a hablar de cosas que no se pueden mentar en los Consejos Europeos; vaya, vino a prepararlo, como quien dice. Porque la Unión Europea es una unión de estados soberanos, y ciertas conversaciones podrían hacer dudar a la opinión pública de que siguen siendo soberanos. Y no, tampoco se trata de eso. Soberanos, lo que se dice soberanos, faltaría más, está claro que lo son; pero de aquella manera, ya se me entiende. Y, desde luego, unos más que otros. Ahora la UE tiene el problema de Irlanda. Resulta que los muy cabritos – porque no se les puede llamar de otra manera – vienen haciendo dumping fiscal desde hace años. Tienen un impuesto de sociedades del 12 por ciento, muy inferior al de Alemania o España, por ejemplo. Con lo cual, las inversiones extracomunitarias que vienen a caer por esta parte del mundo, caen más frecuentemente del lado de Irlanda que del lado de Alemania o España, por seguir con el ejemplo. Y resulta, para más INRI, que entre todos hay que prestarle 85.000 millones de euros, y a un tipo de interés de favor. O sea, los contribuyentes germanos e hispanos vamos a tener que prestarles dinero (que buena falta nos haría a nosotros) para que el gobierno irlandés pueda mantener sus impuestos así de bajos. ¿Lo captan, verdad? El gobierno irlandés hace frente a sus gastos con nuestro dinero, no con el de ellos. Bonito, ¿no? Irlanda debería darse cuenta de la situación por sí misma, pero que si quieres arroz Catalina, ellos no se dan por enterados. Ahora van a tener elecciones, y habría de dejarle muy claro al nuevo gobierno – y en esto a Merkel le habrá costado muy poco convencer a Zapatero – que esto no puede seguir así. Ahí están los griegos, que fundaron en la antigüedad el muy sano concepto de la esclavitud por deudas, y que ahora, tras su rescate, de vez en cuando protestan un poco, pero en lo esencial hacen lo que se les dice. A los irlandeses parece que habrá que retorcerles el brazo. Sólo un poco. ¡Pues qué! Si hace falta, se les retuerce y ya está: gobernanza económica de Europa. Para qué queremos más.

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jueves, 3 de febrero de 2011

Cuatro millones novecientos mil

Hace un año, cuando la cifra de desempleo según los servicios públicos de empleo rondaban los cuatro millones, estimé el paro equivalente EPA en enero de 2010 en 4.600.000 (aquí). La EPA del primer trimestre de 2010 vino a darme la razón. Ahora, sobre la base del mismo procedimiento, estimo el paro equivalente EPA en enero de 2011 en 4.900.000. Tenemos trescientos mil parados más que hace un año.

Mis cálculos son los siguientes. El paro EPA arrojaba la cifra de 4.696.600 personas desempleadas en el último trimestre de 2010. Los datos de la Seguridad Social indican que se ha perdido un total de 223.143 cotizantes; éstos son empleos destruidos. La suma de los parados EPA en el cuarto trimestre de 2010 y de los empleos perdidos en enero de 2011, da una estimación de 4.919.743 personas desempleadas al término de enero de 2011.

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miércoles, 2 de febrero de 2011

¿Empieza a recuperarse la economía española?

Dejando a un lado el sempiterno triunfalismo de este gobierno, podría haber signos de recuperación económica en España. Parece haber cierto consenso entre observadores británicos del mercado inmobiliario español en que dicho mercado podría estar rebotando después de tocar fondo. Esto contradice las previsiones del gobernador del Banco de España hace menos de un año, quien predijo una reducción inevitable de precios de en torno a un 40 ó 50 por ciento por debajo de los niveles anteriores a la crisis. Por una vez, y sin que sirva de precedente, en esta cuestión habría estado yo de acuerdo con el gobernador. Los precios han descendido mucho más levemente que todo eso y, sin embargo, los británicos insisten en que hay mayor actividad en tres lugares estratégicos: la zona de Marbella, Alicante y la isla de Mallorca. En otros lugares, el mercado permanecería deprimido por más tiempo. Después de todo, en Marbella, en Benidorm y en Calviá (Mallorca) empezó el boom inmobiliario en la década de 1960, cuando Manuel Fraga lo propició desde la cartera de Información y Turismo.

Otros signos son más desconsoladores, empero. El paro sigue aumentando; bueno, se trata de un indicador retrasado de la coyuntura: el empleo únicamente mejora cuando todo lo demás ya lo ha hecho. Más preocupante – por lo que tiene de anuncio de renovadas dificultades, y con ellas más paro, más adelante – es la caída en picado de la venta de automóviles, casi en una cuarta parte desde el registro de hace un año. El automóvil ejerce una demanda derivada sobre numerosos sectores auxiliares, desde la siderurgia y los neumáticos hasta los componentes electrónicos, pasando por el vidrio, salpicaderos de pvc y tapicerías de polipiel. Si la situación se prolonga, todos estos sectores (y otros, cuya enumeración sería prolija) van a expulsar mano de obra muy pronto.

El gobierno ha acertado a cerrar un acuerdo económico y social con patronal y sindicatos, enlazado con la reforma de las pensiones. En conjunto, puede haber dado a los mercados la sensación de estar haciendo algo. Muy poco, desde luego, puesto que cien mil empleos es medio punto porcentual de la población ocupada, con lo que la tasa de paro no bajaría del 20 por ciento. Pero menos da una piedra. Sin embargo, las incertidumbres siguen siendo grandes. Sobre todo, en el sector bancario, donde el gobierno ha empezado con reformas demasiado blandas (las fusiones frías entre las cajas de ahorros) y demasiado tarde. Sólo las cajas tienen 38.000 millones de euros en viviendas embargadas por impago de hipotecas; hay otros 60.000 millones de crédito promotor dudoso o subprime, que podría elevar el exceso de oferta inmobiliaria a casi cien mil millones. Las cajas retienen la salida de ese exceso de oferta al mercado, pero la falta de liquidez podría obligarles a actuar de otra forma. Todo eso, sin contar con los números que puedan afectar a los bancos. Si las cartas vienen mal dadas, la débil claridad que se observa en el mercado inmobiliario, mencionada más arriba, podría volver a verse desplazada por nuevos nubarrones, acercando la situación de España a la de Irlanda el otoño pasado.

Y con todo, queda la buena impresión de Davos. El panel de expertos consultados durante la celebración de ese foro económico, cree por mayoría que Grecia e Irlanda suspenderán pagos en un plazo de pocos años, pese al soporte dado por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea. Los expertos están divididos casi por la mitad en la cuestión de si Portugal se les unirá. Pero la mayoría cree que España podrá pasar sin suspender pagos. Ojalá, aunque tengo mis dudas. De cualquiera de las formas, nos esperan años, y no sólo meses, muy difíciles.

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martes, 1 de febrero de 2011

Solución de circunstancias

Empezamos a tener una noción bastante clara de los riesgos que soporta el sector bancario español. Según datos del Banco de España, el conjunto de bancos y cajas de ahorros tenía en noviembre pasado un total de 95.605 millones de euros de créditos de dudoso cobro (con impago de cuotas), casi a partes iguales, 48.278 millones los bancos y 47.327 millones las cajas. Hasta esa fecha, las entidades habían destinado 55.620 millones de euros a provisiones para quebrantos (27.969 millones los bancos y 27.651 millones las cajas). En conjunto, hay casi 40.000 millones de euros sin cobertura. Diríase que, cuando el gobierno habla de ampliar el capital de esas entidades hasta en 20.000 millones, lo que pretende es tapar la mitad de ese potencial agujero.

Pero no se limita a eso el problema. La exposición de las cajas de ahorros al crédito promotor inmobiliario se estima en 180.000 millones de euros; un tercio de esa cifra corresponde a créditos dudosos y subestándar (que previsiblemente serán dudosos en breve) y, sumados los inmuebles que las entidades ya se han adjudicado por impago, casi la mitad del crédito promotor habría salido de la circulación del crédito y – dado que las entidades retienen la salida de esos inmuebles al mercado para no hundir los precios – se habría sustraído a lo disponible para financiar a familias y empresas. Los bancos han publicado en menor medida que las cajas su exposición, pero con que sea aproximadamente lo mismo, tendremos una cifra entre 150.000 y 200.000 millones de euros de crédito que está – por así decirlo – bloqueado, sin contribuir a la reactivación.

Cierto que no toda esa cifra está vencida o es de vencimiento inmediato, pero con todo y eso los 20.000 millones de euros que el gobierno estima poder sumar a los recursos propios del sector parecen francamente insuficientes. Después de todo, es una operación que no se va a poder repetir todos los años, conforme se vayan produciendo los correspondientes vencimientos, hasta tapar el agujero por completo. Todo parece indicar que se trata de una “reforma” pensada para que el sector pueda ir tirando hasta las elecciones de 2012. Y después Dios dirá…

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