martes, 30 de noviembre de 2010

La voz de los mercados (1)

Durante la semana pasada, la única enseñanza que parecía extraerse era que los mercados exageran, porque España no es Irlanda. En esta idea coincidían todos los observadores, a izquierda y derecha del espectro político (excepto el PP). He visto en ella a Zapatero y Llamazares (juntos por primera vez en meses) y también a Mas, el nacionalista catalán; a muchos empresarios; a Emilio Ontiveros, de ordinario tan fino, y a Juan José Toribio, que siempre escribe con el trazo grueso de un liberalismo doctrinario. Tan sólo se apreciaba un matiz entre los políticos, como Antonio Gutiérrez, por ejemplo, que con el gobierno veía el origen de la exageración en la “codicia” de los especuladores, de un lado, y los economistas, como Ontiveros y Toribio, que lo situaban en la “histeria” y el “pánico” de los inversores, del otro. ¿Qué parecido puede haber con Irlanda, si nosotros tenemos un sistema financiero de lo más sólido y ellos lo tienen hecho unos zorros? Tan sólo el PP repetía machaconamente que el problema es este gobierno.

Pero el domingo fueron las elecciones catalanas, y toda la percepción parece haber empezado a cambiar. José Luis Malo de Molina, director del Servicio de Estudios del Banco de España, salió ayer a la palestra a apoyar, con todo se prestigio intelectual, la teoría de que no hay fundamento alguno para la especulación, en un día en que la Bolsa continuaba su desplome. Y las cabezas pensantes de este país han empezado a echar humo: si el problema no es económico ni financiero, entonces es político. Algún medio – “La Gaceta de los Negocios” – da por hecho que dentro del PSOE se piensa que, en efecto, Zapatero es el problema y que hay que acelerar su sucesión por Rubalcaba.

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lunes, 29 de noviembre de 2010

4. Lucha de clases

Generalmente, la lucha de varias multitudes unidas en una voluntad de clase choca con los intereses de otras multitudes, que pueden ser acalladas una a una sin que lleguen a unificar esos intereses en una opuesta voluntad de clase. Esto es lo que llamo lucha de clase. De tarde en tarde, tal vez muy de tarde en tarde, las multitudes que se sienten agredidas logran encontrar una forma de expresión común que facilita la manifestación de su propia voluntad política. Es lo que está ocurriendo ahora mismo en Francia. Numerosas multitudes presuponen que el retraso en la edad de jubilación es el comienzo de una ofensiva en toda regla contra el Estado de bienestar. Ahí se han unido los trabajadores manuales y los intelectuales, los que desempeñan trabajos rutinarios y los que tienen el privilegio de hacer trabajos creativos, los trabajadores fijos y los eventuales, los funcionarios, los inmigrantes, los estudiantes, los antisistema… Todos ellos han encontrado una forma de expresión política común: la huelga general. Todos ellos forman ahora una clase social única: la clase obrera. Y digo la clase obrera porque lo que la inspira, la vertebra y la dirige es la organización básica de la clase obrera: los sindicatos. Hay una verdadera lucha de clases.

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sábado, 27 de noviembre de 2010

3. Lucha de clase

De vez en cuando, varias multitudes cristalizan en una voluntad única, y entonces hace de acto de presencia una clase en lucha. Porque las clases sociales no preexisten a la lucha; existen como clases en lucha. Por ejemplo, los autopatronos y pequeños empresarios, y a su alrededor otras multitudes (entre ellas, el ejército, una multitud siempre digna de ser tenida en cuenta), cristalizaron en el Chile de los primeros años setenta como una clase social, la pequeña burguesía. Para que varias multitudes cristalicen en una clase social, es preciso que encuentren una forma común de expresión política. En el Chile de hace cuarenta años, la cacerolada fue la forma de expresión política que permitió manifestarse juntas a las multitudes de la pequeña burguesía, clase social que, como decidida aliada de los terratenientes y del capital multinacional – recuérdese que el origen de todo fue la nacionalización de CODELCO –, asumió un destacado protagonismo en los acontecimientos que condujeron al derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular y al asesinato del presidente Salvador Allende.

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viernes, 26 de noviembre de 2010

Simplezas

Es hora de analizar seriamente los problemas y dejarnos de simplezas. Porque una simpleza es decir que hay riesgo de contagio; otra, que todo es culpa de los especuladores. En octubre de 2008, el Banco Central Europeo concedió financiación extraordinaria, en grandes cantidades pero a corto plazo. Es lo que sigue haciendo, dos años después. En algún momento, el BCE debería haber extendido la financiación extraordinaria a 5, 10, 15 y hasta 30 años, para financiar a largo plazo el déficit que ha sostenido los estímulos fiscales contra la recesión. Yo lo propuse hace un año. Como el BCE no lo ha hecho, los bancos disponen de financiación a 6 meses ó un año para adquirir deuda de hasta 30 años: una incongruencia, por no decir un disparate. Inevitablemente se ha tenido que recurrir a los grandes hedge funds internacionales, que sí disponen de fondos a largo plazo, pero que lo que hacen es apostar entre sí sobre qué mantiene una mejor relación rentabilidad/riesgo, si la deuda de Alemania ó la de España (ó la de Irlanda ó la de Portugal ó…). El diferencial sobre el bono alemán dice que las apuestas están contra España. ¿Pretenden quienes hablan de especulación y contagio que las apuestas deberían estar contra Alemania? Porque de los hedge funds no cabe esperar sino que apuesten por una cosa ó por la otra. Y si no, no haberlos llamado a financiar el déficit cuando podía habérselo monetizado.

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jueves, 25 de noviembre de 2010

Con quién nos jugamos los cuartos

Dicen los expertos que el problema actual de la deuda soberana europea (léase de Irlanda, Portugal, España…) se dilucida en el dilema planteado por Merkel: ¿deben o no compartir los tenedores de bonos los costes de eventuales rescates? Estoy de acuerdo, pero conviene matizar. La cuestión no se refiere a cualesquiera bonos, sino a los bonos bancarios. Lo que ocurre es que los bonos bancarios tienden a convertirse en deuda soberana cuando los gobiernos salen en su rescate. Lo que Merkel dice es que Europa no debe ayudar a los gobiernos a garantizar el cien por cien de la deuda bancaria, sobre todo si quien debe cargar con la garantía es, sobre todo, el contribuyente alemán. Y no le falta razón. Pero, implícitamente, el planteamiento va más lejos. Si tiene razón el gobierno irlandés, en el sentido de que al imponer sacrificios al tenedor de bonos bancarios se destruye para muchos años el crédito de los bancos, la conclusión inevitable del argumento alemán es que lo único que puede ayudar a restaurar el crédito de los bancos irlandeses es un cambio de propiedad, de manera análoga a como la compra por los bancos españoles del Banco Francés y otros restauró el crédito de la banca argentina, que antes estaba por los suelos. Dicho de otra forma, y atando los cabos sueltos, si el contribuyente alemán debe rescatar a los bancos irlandeses, pero no del todo, tal que el crédito de éstos se arruine, la compra de los mismos a precio de saldo por bancos alemanes restauraría plenamente su credibilidad, y en el acto. Lisa y llanamente, Alemania está utilizando la crisis de la deuda soberana para quedarse con la banca de los países que muestran su debilidad ante los mercados.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

¿Qué nos espera?

Los mercados están reaccionando con parsimonia a la petición formal de ayuda de Irlanda al FMI y la UE. Nikkei sube 1 por ciento, Shangai está plano, Singapur cae ligeramente. No saben qué viene después. Realmente, nadie lo sabe. Todo podría tranquilizarse de nuevo, como ocurrió esta primavera tras el rescate de Grecia. Pero hay un no-se-qué de fatalidad en el ambiente: pese a lo comparable de sus tamaños, Irlanda no es Grecia. Mientras éste se nos presentó como un país dilapidador y tramposo, aquél es un modelo en la adopción de reformas estructurales. ¿Qué falló en Irlanda? La codicia de los bancos – se nos dice – en tratar de lucrarse con la burbuja inmobiliaria. Ah, ¿pero es que la codicia no era buena, el verdadero motor del sistema? Va a resultar que es un orden económico construido con todo amor por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y sus sucesores, lo que está siendo sacudido hasta sus cimientos.

Algunos opinan que el rescate de Irlanda será un jalón en la crisis de la importancia de la quiebra de Lehmann Brothers, y con efectos tan devastadores sobre la confianza de los mercados. Y para ese viaje no tenemos las alforjas de un sistema bancario de gran solidez, regulado de forma “modélica” por el Banco de España, de lo que presumíamos entonces. Lo que tenemos son bancos tan codiciosos como los irlandeses, que se han lucrado durante lustros con una burbuja inmobiliaria de tantas dimensiones si no mayores que la irlandesa, y que han podido parecer solventes gracias a una legislación hipotecaria leonina, que asegura el cobro mediante un sistema de dobles garantías, según el cual no sólo se hipoteca el inmueble sino también su propietario (o quien lo avale), lo que facilita al banco mantener en su balance créditos incobrables, gracias a una suerte de servidumbre financiera – si es preciso, de por vida – del hipotecado. Sólo la opacidad de este sistema incalificable nos está salvando.

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viernes, 19 de noviembre de 2010

Teorías de la crisis

Dos teorías compiten por explicar la crisis económica; hay otras, pero son peregrinas. Contra lo que tiende a creer el público, ambas parten de la base de que, aunque el detonante fue financiero, las causas de la crisis son más profundas.

Una apunta a la rigidez de los mercados. Si los mercados fueran perfectamente flexibles, viene a decir, desvíos erráticos del equilibrio darían lugar a ajustes vía precios y no vía cantidades. En otras palabras, una caída en la demanda tendría por efecto la reducción (quizá sólo temporal) de los salarios y no del empleo. Una crisis fortuita, como la de los activos “tóxicos” en 2007, con mercados flexibles, apenas habría tenido efectos sobre el empleo. El problema es que el mundo real se aparta mucho de ese modelo ideal, con lo que la mencionada perturbación ha hundido en el mayor marasmo a la economía global. No se puede garantizar un retorno rápido al pleno empleo, pero sí efectuar las reformas necesarias para que la siguiente crisis no tenga efectos tan devastadores. Esta forma de pensar es propia de lo que Keynes llamó escuela “clásica”, aunque el término es confuso. Yo prefiero llamarla austriaca, porque es consecuencia de la influencia que han adquirido economistas como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, pertenecientes a dicha escuela.

La teoría alternativa sostiene que el desempleo crónico es fruto de una excesiva acumulación de capital, intensificada, en los primeros momentos de la globalización, al concentrarse el ahorro de todo el mundo en la formación de capital en los países desarrollados. Conforme el ahorro mundial empieza a invertirse más homogéneamente por el planeta y los países emergentes rivalizan con los desarrollados en oportunidades de negocio, la inversión en estos últimos pierde fuerza y los efectos multiplicadores sobre la demanda agregada se hacen notar, en forma de desempleo crónico en los países desarrollados y crecimiento más intenso en los emergentes. Exactamente lo que vemos ahora. Esta teoría podría denominarse “keynesiana”, aunque yo prefiero llamarla clásica. Y es que Keynes era enteramente un clásico en cuanto a la previsión del estado estacionario, aunque divergiera de Ricardo y los clásicos posteriores en el estudio de los asuntos financieros, en los que Ricardo seguía a la escuela monetaria de Thornton y Keynes, en cambio, a la bancaria de Tooke. La verdadera ruptura se establece cuando los “austriacos” pretenden instaurar una confianza inconmovible en la capacidad del capitalismo para superar todos los obstáculos al crecimiento.

Los clásicos eran tan pesimistas como Keynes; la diferencia es que los clásicos veían el estado estacionario lejos y Keynes veía al mundo ya inmerso en él. Creo que ni una cosa ni la otra: el estado estacionario global parece aún lejano, pero hemos llegado a una suerte de estado estacionario local en Japón, que fue el primero, y ahora en Estados Unidos y Europa. Me temo que estos países no lograrán salir, por mucho que lo intenten. Japón lleva veinte años sin conseguirlo. Las reformas estructurales - en particular, la tan celebrada reforma laboral - no pueden nada contra el paro generado por el estado estacionario, y no sirven sino para destrozar la cohesión social. Quizá una revolución tecnológica, que no se vislumbra aún en el horizonte, pueda romper los límites del estado estacionario; quizá. De momento, la única salida realmente eficaz al desempleo es la emigración. Y no a Alemania, sino a China, la India, Brasil y los países que muestran verdadero dinamismo económico. Mientras nos mentalizamos a ello, sólo caben cuidados paliativos: políticas de estímulo fiscal y gestión monetaria acomodante. Es lo que hace Estados Unidos, y lo que deberíamos hacer nosotros.

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jueves, 18 de noviembre de 2010

Irlanda da su brazo a torcer

El gobierno irlandés ha intentado convencer a todos – mercados, Unión Europea, Fondo Monetario Internacional – de que no necesitaba dinero antes de los grandes vencimientos de su deuda soberana previstos para bien entrado 2011. Por unos días, pareció que lo conseguiría. Naturalmente, no convenció a los mercados, pero con ello contaba el gobierno irlandés, confiado en que, de prolongarse la tensión durante meses, acabaría disolviéndose como azucarillo en aguardiente. La mejor cura contra el pánico y la especulación es la sangre fría. Pero a quien no ha conseguido convencer es a Alemania, dispuesta a no creer nada hasta ver subir de forma sustancial el impuesto irlandés de sociedades, actualmente en el 12,5 por ciento anual.

Y sí, Irlanda necesitaba fondos antes de las renovaciones de 2011. A fines de septiembre, el gobierno asumió la recapitalización de AIB y otros bancos, por importe cifrado en 50.000 millones de euros. Asumió, pero no puso un euro, porque no lo tenía. Por así decirlo, escrituró la recapitalización pero no la desembolsó. Necesitaba acudir a los mercados, pero – con tipos del mercado secundario rondando el 9 por ciento – es lógico que no se atreviera a hacerlo, porque, para semejante cantidad, el marginal se iría a las estrellas. Alemania le ha dicho que nones. Sin recapitalización efectiva, o sea, sólo con el aval del gobierno, los bancos alemanes no van a prestar a los irlandeses en el interbancario europeo. Como consecuencia, el castigo en CDS sería inasumible, quizá durante años.

Al final, Merkel – que empieza a demostrar que los tiene muy bien puestos – ofreció una transacción. El Fondo de Estabilización Financiera rescataría a los bancos irlandeses – poniendo el dinero prometido por el gobierno – y no al país, con lo que Irlanda podría salvar su orgullo nacional. Pero el gobierno irlandés sabía bien lo que esto significaba: Alemania impondría una quita a los acreedores de los bancos irlandeses. Viendo el peligro, el Reino Unido se ofreció in extremis a rescatar a los bancos irlandeses (los principales acreedores de éstos son británicos). Yo también creí que el gobierno irlandés cogería la opción alemana. Pero no ha hecho falta el rescate británico. El gobierno irlandés ha rechazado la oferta de sacrificar a los bancos y entregado a su país, atado de pies y manos, en cambio, a la cámara de torturas del FMI y el BCE.

¿Por qué ha actuado así el gobierno irlandés? Puede haber varias teorías. Quizá ha optado perjudicar el interés del país para proteger el de los bancos. Puede que haya querido dar una lección de europeísmo al sacrificar su soberanía nacional para salvar el crédito futuro de su país. A mí, sobre todo, me parece que confía más en la benevolencia del FMI con uno de sus discípulos predilectos que en la de Alemania con un presunto paraíso fiscal en plena eurozona.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

La economía política de hoy día

Quienes sostenían, hace mes y medio, que no había crisis de la deuda soberana en Europa, ahora desahogan sus nervios urgiendo a Irlanda a que tome una decisión sobre su rescate. Parecen sordos: Irlanda ya la ha tomado, y es negativa. El gobierno irlandés, reforzado con la red de seguridad tendida por la Unión Europea, va a tratar de cruzar el tempestuoso océano de la tormenta financiera, para llegar a mares más tranquilos. Mucho peor lo tiene Portugal. El vecino país está perdido. Las aguas podrán calmarse para Irlanda, pero Portugal carece de fundamentos como para resistirse a embates del calibre que está aguantando Irlanda. ¿Y España?

Lo he dicho y lo repito, el mar de fondo de la crisis de la deuda soberana europea, lo mismo la primavera pasada que este otoño, tiene su origen en la sospecha de los mercados, que empieza a convertirse en certeza, de que Europa se precipitó al trocar los estímulos fiscales en consolidación fiscal. Se está ahogando el crecimiento antes de que éste se haya afirmado lo imprescindible para considerarlo “sostenido”. Aquí todo el mundo es antikeynesiano, aunque pocos tienen el coraje de declararse “austriacos”. ¿En qué creen? Es la economía política del ama de casa (copyright, aquí): ningún ama de casa sensata gastaría más de lo que su marido trae a casa, y tampoco deben hacerlo los gobiernos. Nadie tiene el discernimiento para darse cuenta de que, efectivamente, no hay alternativa pero no porque no exista, sino porque Alemania no la aceptaría. Asumimos la consolidación fiscal porque de otra forma Alemania rompería la baraja, y eso nos da más miedo que ninguna otra cosa. ¿Es que no puede decirse así, sencillamente? Por lo menos Papandreu, el griego, lo está diciendo.

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martes, 16 de noviembre de 2010

¿Portugal fuera del euro?

Algún ministro portugués amenaza con que su país abandone el euro. ¿Es razonable esperar eso? El mayor inconveniente de salir del euro para un país grandemente endeudado, como Portugal, radica en que su deuda está nominada en euros. Lo previsible es que el escudo se restaure con una fuerte devaluación con respecto al euro, para incrementar las exportaciones y recuperar mercado interior frente a las importaciones, con lo que la deuda soberana del país aumentaría apreciablemente su valor relativo (al PIB, por ejemplo). Y está por ver qué pasaría con la deuda privada. ¿Aceptarán los bancos renominarla en escudos, cuando ellos están endeudados con el exterior en euros? Para eso el gobierno debería nacionalizar la banca y correr con las pérdidas. En todo caso, el país se empobrecería considerablemente durante largo tiempo.

A título de ejemplo se puede citar el caso de Islandia, país que contrajo una fuerte deuda en moneda extranjera (principalmente, libras esterlinas) y que tuvo que devaluar durante la crisis de 2008. El año anterior, aparecía en el primer lugar del índice de desarrollo humano del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con un PIB per capita en paridad de poder adquisitivo de 36.510 dólares. Este año ese promedio ha caído a 22.917 dólares y el país ha descendido al puesto número diecisiete.

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sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Qué temen los mercados?

Pese a los intentos oficiales por sofocarla – que no resolverla – la crisis de la deuda soberana, y de la irlandesa en particular, sigue su curso. La declaración de la UE en Seúl, en el sentido de que los tenedores de bonos no sufrirán quitas, debería infundir tranquilidad. Se ha introducido un matiz interesante. No se trata de que los bonos no vayan a ser objeto de quitas en eventuales crisis; al admitir que podrán sufrirlas se reconoce que Angela Merkel va a seguir presionando, durante la reforma del Tratado, para que las sufran; va en ello el interés del contribuyente alemán, a todas luces principal pagano de cualquier operación de rescate. Lo que se matiza es que la quita únicamente afectará a los bonos emitidos con posterioridad a 2013, fecha para la que la zona euro deberá haber retornado al Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Entonces, ¿por qué tanta agitación?

Primero por un problema político a corto plazo. Irlanda debe hacer aprobar por su parlamento el nuevo presupuesto, fuertemente restrictivo. El gobierno tiene un pequeño margen, pero es de coalición: Fianna Fáil (liberales) y verdes. La oposición votará en contra; los verdes pueden flaquear. Si la UE va a acudir de todas formas al rescate, como acaba de prometer, ¿para qué sufrir tanto ahora? El Fondo de Estabilidad Financiera actúa como un incentivo negativo para la austeridad, y los mercados sospechan que las instituciones comunitarias no serán demasiado duras con ningún país que entre en default: ya se negaron a serlo hace semanas, cuando Alemania propuso la suspensión de derechos políticos en ese caso.

La segunda razón es más profunda. Desde comienzos de este año, los mercados sospechan que Europa se equivocó al elegir la vía de consolidación fiscal, cortando de raíz los estímulos fiscales. Los mercados son más keynesianos – esto es, más razonables – que muchos estadistas y sus asesores económicos. Si se frena el crecimiento, se recauda menos impuestos, que es lo que devuelve la deuda soberana. Éste es el problema a largo plazo, uno con el que Europa va a ir renqueando quizá durante una década.

Los pobres resultados de la cumbre del G-20 en Seúl no vienen sino a complicar las cosas. Estados Unidos y China están estimulando sus economías; Estados Unidos, artificialmente (los 600.000 millones de la Fed), y China de forma no más natural, a través de su abultado superávit exterior (mantenido con su política cambiaria). Únicamente Europa se obstina en seguir los dictados de la ortodoxia financiera. ¿Vamos a continuar sosteniendo, nosotros solitos, el mundo mundial?

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jueves, 11 de noviembre de 2010

¡Viva el patrón oro! ¡Viva, viva!

Resulta que un señor que se llama Robert Zoellick, y que es presidente del Banco Mundial, empleo por el que debe ganar un pastón, se descuelga ahora diciendo que la solución a nuestros males es restaurar el patrón oro. No se le ocurre otra cosa: confesión más clara de que ha alcanzado su nivel de incompetencia con arreglo al principio de Peter, imposible.

Lo cual no significa que no lo diga con intención. Las cosas andan demasiado mal. China se niega a revaluar el yuan, Estados Unidos se ve forzado a dejar que se deprecie el dólar, la Unión Europea no termina de levantar cabeza; los funcionarios no quieren ser despedidos; los obreros no quieren que se reduzcan sus salarios. ¿Cómo se puede poner orden en semejante caos? El patrón oro resolvería todos esos problemas de un plumazo. A partir de ahí, recuperación al canto.

Estados Unidos no tiene vergüenza. Ellos liquidaron el patrón oro en dos tiempos: 1944, 1971. ¿Y ahora vienen a restaurarlo? Lo repito: no tienen vergüenza. Y lo que es peor: empiezan a no saber hacer la “o” con un canuto. Se les ha olvidado – o quizá nunca no lo supieron, porque realmente nunca sufrieron el patrón oro como lo sufrió Europa – cuál era el problema del mecanismo. Lo puso magistralmente de manifiesto Gustav Cassel, economista de la escuela sueca, discípulo de Knut Wicksell: nombres ilustres que para los economistas norteamericanos, o intelectualmente naturalizados norteamericanos, no significan nada. La ley de Cassel dice: Mientras la oferta global de oro crece en proporción aritmética, el comercio mundial tiende a crecer en proporción geométrica. Con la ecuación de Fisher como restricción, una de dos: o la velocidad de circulación del oro se incrementa hasta donde haga falta, o el comercio internacional se constriñe a crecer lo que crezca la oferta de oro.

De modo que sí, tiene razón Mr. Zoellick. El patrón oro resolvería todos nuestros problemas, de golpe. El problema es que todo quedaría perfecto, a un nivel de empleo y precios mucho más bajo, y condenado a crecer a paso de tortuga, por décadas (hasta que el mundo se decidiera a liberarse de semejante corsé). Voto por echar a ese caballero de un empleo de tanta responsabilidad.

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Y el mercado hipotecario...

… ¿no lo reformamos?

Sorprenden las ganas que tienen algunos de reformar el mercado laboral o el sistema de pensiones, mientras callan en lo tocante a la reforma del mercado hipotecario. Tenemos la ley hipotecaria más leonina del mundo desarrollado. Mientras en Estados Unidos – ese país que tanto les gustaría emular a quienes hablan de flexibilidad de las relaciones laborales o sostenibilidad del sistema público de pensiones – alguien que no puede pagar su hipoteca, sencillamente, entrega el piso al acreedor hipotecario y se libera de la deuda (a esto se le llama un régimen de garantías reales, en España no ocurre lo mismo. En España, a las garantías reales se añade un régimen de garantías personales: ningún banco le concede a usted un crédito sobre su vivienda a menos que aporte un aval. Quienes querrían liberarse de la deuda entregando el piso, se encuentran con la desagradable sorpresa de que el banco no quiere hacerse cargo de él – “ejecutar”, en la jerga bancaria – sino que exige al deudor que siga pagando lo que pueda, si no todo el servicio de la deuda (amortización de principal más intereses, que corresponda), hasta saldar sus obligaciones. Esto es especialmente dramático para muchos inmigrantes, que, tras perder sus fuentes principales de ingreso, desearían volver a sus países de origen, pero no pueden hacerlo – su honestidad no se lo permite – hasta haber liquidado con el banco.

España tiene, así, el dudoso honor de mantener un régimen que comporta una verdadera semiesclavitud, o mejor, una servidumbre de la gleba, por deudas. Digo “servidumbre de la gleba”, porque como los almas muertas bajo el zarismo ruso, que iban incluidas en la compraventa de tierras, los deudores hipotecarios van de acreedor en acreedor, si el primero tiene a bien vender su crédito a un fondo de titulización, por ejemplo.

Pero más interesante es subrayar el papel “estabilizador” que nuestro régimen hipotecario ha tenido, por contraste con otros países a los que nos gustaría parecernos. El sistema bancario presenta una proporción de fallidos mucho menor que Estados Unidos o Irlanda, con una burbuja inmobiliaria superior. Esos siervos de la gleba financieros están contribuyendo, con su sudor y con su angustia, a la solidez del sistema bancario español. ¡Qué bien! Como también lo hace el contribuyente (y, ahora, el déficit público), ya que al menos una fracción de esos 426 euros que pagamos a los parados de larga duración van a engrosar los beneficios de la banca. Por otra parte, así se retrasa a perpetuidad el ajuste del mercado inmobiliario, lo que a algunos debe parecerles admirable. Es extraño que esta maravillosa propiedad de nuestro sistema bancario no haya sido resaltada más por los atentos observadores que no dejan de recomendarnos reformas en otros ámbitos.

Sorprende que tampoco el Fondo Monetario Internacional haya pedido la homologación de nuestro sistema financiero en este detalle. ¿Será que considera la posibilidad de recomendar su extensión a otros países, que deberían copiarnos?

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martes, 9 de noviembre de 2010

2. El "motor" de la historia

No creo, sinceramente, que la lucha de clases sea el motor de la historia, como propuso Carlos Marx. En todo caso, lo sería la lucha de clase. Las clases sociales, de ordinario, no existen. Existen multitudes con problemáticas - muchas veces, ni siquiera intereses - más o menos comunes: la multitud de los parados, la de los trabajadores con empleo fijo, la de los agricultores y ganaderos, la de los funcionarios, la de los autopatronos, la de los profesionales liberales, la de los pequeños y medianos empresarios, la de los grandes empresarios, la de los inversores financieros, la de los consumidores y usuarios, la de las madres solteras o divorciadas, la de los seguidores de éste o aquel partido político, la de los hinchas de tal o cual equipo de fútbol, la de las redes sociales de Internet, la de los que asisten a conciertos de música pop, la de los sindicalistas, la de las víctimas del terrorismo, la de los enfermos de dolencias degenerativas y sus familias, la de las mujeres maltratadas, la de los homosexuales, la de los homófonos, la de los inmigrantes, la de los xenófobos, la de las familias al borde de ser desahuciadas por impago de la hipoteca, la de los fumadores, la de los sin techo, etc., etc. Unas multitudes están más cohesionadas que otras. Como es natural, cada cual puede pertenecer a una ó más de estas multitudes, o bien ser un misántropo y no pertenecer a ninguna. Las multitudes entran en conflicto unas con otras, sin que, con frecuencia, resulte progreso alguno de su conflicto.

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lunes, 8 de noviembre de 2010

El orden de los apellidos

Pocos asuntos han provocado en los últimos tiempos un estallido de acritud, tanto en el ámbito público como en el privado, como el anuncio de una reforma del Registro Civil que contempla – en caso de desacuerdo – ordenar los apellidos alfabéticamente. A muchos ha sorprendido esa acritud (se ha llegado a hablar de “atentado contra la familia”: dos hermanos con apellidos en diferente orden, ¿se reconocerán como tales?), si se la compara con la escasa urgencia del problema frente a otros que padecemos o nos amenazan.

Se ha criticado en la proyectada reforma los mismos vicios que en la de 1999, que, al asignar por defecto la primacía al apellido paterno, dejaba la decisión última al padre. Ahora parece incluso más arbitrario (aunque ciertamente, neutral respecto del género), porque se deja al progenitor cuyo apellido se sitúa antes según el abecedario. Algunos predicen, a largo plazo, la desaparición de todos los apellidos españoles, menos ‘Abad’ y algún otro. No es difícil de entender la polémica, sin embargo, como doble síntoma de la agonía de la sociedad patriarcal, de que venimos y que se trata de desalojar de sus últimos reductos con reformas con ésta, por un lado, y del temor a incrementar los costes de la administración de Justicia, por otro.

Porque lo que quiere la reforma es sustraer al ámbito judicial una decisión que, en países de nuestro entorno, se le ha asignado. En el Reino Unido, por ejemplo, un juez decide en caso de desacuerdo, y con frecuencia lo hace arrojando una moneda al aire. Como sabían ya los antiguos griegos, en estos casos el azar es lo más justo. Pero aquí, con una administración de Justicia famosa por sus retrasos, no se la quiere sobrecargar aún más. Se quiere que sea un funcionario del Registro quien lo decida, en el acto. Y un funcionario no tiene prerrogativas para lanzar la moneda al aire. Un simple funcionario tan sólo puede elegir de forma que pueda verificarse sin género de dudas por un funcionario superior en caso de recurso. De ahí el orden alfabético. ¿De qué otra forma, si no? Claro que, vista la beligerancia de las mujeres y la contumacia de los varones, muchas parejas pueden romper por motivo tan nimio, lo que supondrá un verdadero despilfarro.

Dados los parámetros del problema, propongo la siguiente solución. De la reforma de 1999 conviene conservar la autonomía de las partes: el orden será determinado de común acuerdo. Faltando éste, se dará primacía al apellido paterno en los hijos varones y al materno en las hijas. Mayor igualdad, y más barata, imposible.

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viernes, 5 de noviembre de 2010

Mentiras y estupideces

Casi todo lo que se dice sobre economía – especialmente en Europa – entra en una categoría o la otra. Por ejemplo, Jean Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, acaba de decir que la inyección de 600.000 millones de dólares, acordada por la Reserva Federal estadounidense, no tiene como finalidad depreciar el dólar. Miente como un bellaco. La medida sigue a meses de tira-y-afloja para que China revaluara el yuan, cosa que no ha hecho. La depreciación del dólar consigue parcialmente el mismo objetivo, por un camino distinto. Además, el propósito fundamental de la expansión monetaria en cuestión es monetizar deuda pública norteamericana y facilitar ulteriores estímulos fiscales, y cualquiera que siga esa política sabe que la depreciación cambiaria es inevitable.

Por otra parte, oigo a periodistas decir que la consiguiente apreciación del euro perjudica las exportaciones europeas, incluidas las españolas y las alemanas. Es una estupidez, que demuestra que no se entiende en absoluto por qué se obstina el BCE en apoyar la consolidación fiscal restringiendo la financiación extraordinaria; es decir, la política monetaria opuesta de la norteamericana. Se debilitan las exportaciones europeas a la zona dólar, que ciertamente es muy amplia. Pero las exportaciones alemanas al resto de la zona euro se ven beneficiadas. En otras palabras, la industria alemana está utilizando la fortaleza del euro para ganar cuotas crecientes de mercado entre sus socios de la eurozona, a costa, naturalmente, de nuestra producción y de la de los demás países de esta zona.

Mientras, los medios celebran – con notoria inconsciencia – que España haya alcanzado el puesto número 20 del ranking de desarrollo humano de la ONU. Olvidan que Islandia, número 1 inmediatamente antes de la crisis, ha caído al número 17 en sólo dos años.

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jueves, 4 de noviembre de 2010

1. El Estado y la economía

Convocadas por la Fundación Primero de Mayo, varias cabezas pensantes de la economía – de las cuales la más eminente, la de Javier Braña, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Salamanca – se reúnen a reflexionar sobre el papel y, muy especialmente, dadas las circunstancias, los límites de la actuación económica del Estado. Se plantea el interesante debate de si la interpretación neoclásica es superior o inferior a la interpretación marxista. La primera pretende que el Estado existe para remediar fallos del mercado; la segunda, que para encauzar la lucha de clases con arreglo a los intereses de la clase dominante.

Un servidor, en este debate, pone una vela a Dios y otra al Diablo. Pues la interpretación neoclásica permite entender muchos aspectos de detalle de la actuación estatal, pero pierde de vista el cuadro de conjunto: los árboles no le dejan ver el bosque. Si la crisis actual es producto de un gigantesco fallo o concatenación de fallos del mercado – como todo el mundo reconoce – no se ve en ninguna parte al Estado actuando para remediar ese fallo, como ingenuamente creyó también todo el mundo, entre el otoño de 2008 y la primavera de 2009, que el Estado o más bien la comunidad internacional de Estados haría. Por doquier, el Estado nos da más de lo mismo: lo que piden los mercados cuando no fallan, y también cuando fallan estrepitosamente. ¿O caben matices? Vamos a verlo.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Adversa reacción de los mercados a la reforma del Tratado

La prima riesgo de los países periféricos de la eurzona (Irlanda, Portugal, Grecia y España) continúa aumentando. Los observadores atribuyen el movimiento a las pretensiones alemanas de reformar el Tratado UE; pero no tanto a las que fueron aprobadas por sus socios, sino a una de las que fueron rechazadas. El supuesto implícito es que Alemania continuará presionando durante el proceso de reforma y que, finalmente, se saldrá con la suya.

La pretensión rechazada que atemoriza a los mercados es la de que los bancos paguen parte de la factura del eventual rescate de cualquier miembro en dificultades. Esto se traduce en que Merkel quiere que se efectúe una quita sobre los tenedores de deuda soberana (que son principalmente los bancos) cada vez que resulte necesario. La propuesta ha puesto nerviosos a los estadistas de los países necesitados de financiación para su déficit público, porque es evidente que pocos ahorradores van a querer prestarles (prestarnos) si arriesgan una pérdida de capital. Para que se haga el lector idea, durante la crisis de la pasada primavera el interés sobre los bonos griegos subió al 26 por ciento; eso significa que el bono a 10 años se estaba negociando en el mercado secundario a un quinto de su valor facial. Ahora mismo, la deuda subordinada de los bancos irlandeses se negocia con ese descuento, pero la propuesta alemana es que el fondo europeo de rescate pueda adquirir de igual forma la deuda soberana de cualquier país en dificultades. En estas condiciones, la prima de riesgo y los intereses subirán hasta cotas inviables para ningún gobierno.

Da la sensación de que Merkel da por descontado el rescate de los países periféricos; ya que tiene que ocurrir, parece preferir que ocurra cuanto antes. Y trata de que el rescate le salga al contribuyente alemán lo más barato posible.

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martes, 2 de noviembre de 2010

Proposición 19

Junto con las elecciones a congresistas que se celebran hoy en Estados Unidos, el estado de California pone a votación una propuesta para legalizar el consumo y la producción doméstica de marihuana. El apoyo de destacadas personalidades, como Vicente Fox (ex presidente de México) y el financiero George Soros, a la legalización muestra que el asunto trasciende los límites de la cultura hippie. En España, el ex presidente Felipe González se atrevió hace unas semanas a defender la idea.

Los economistas – con el finado Milton Friedman a la cabeza – casi unánimemente han estado por la legalización. La teoría predice que ésta traerá el fin o al menos el debilitamiento de las mafias. Ocurrió en 1934 con el fin de la Prohibición en Estados Unidos. En aquella ocasión, el New Deal también trató de administrar un anestésico social: ya que el gobierno no podía garantizar empleo para todos, se trataba de no impedir que se bebiera para olvidarlo. La presión mediática ahora a favor de la marihuana viene a cumplir un cometido similar.

Hay un tercer argumento, el fiscal. Sólo en California, se estima que un impuesto de 50 dólares por onza (unos 35 euros por cada 30 gramos) podría generar ingresos tributarios de unos 1.000 de euros al año. Es una suma nada desdeñable. Después de todo, se trataría de poner al cannabis en pie de igualdad con el tabaco y el alcohol, cuyos efectos son tan nocivos o más. Y el argumento de que la legalización estimulará el consumo es falaz. La legalización desmitifica la droga, y al disminuir el motivo de transgresión puede incluso que el adicto pase de considerar el consumo un ejercicio de libertad individual a verlo como una adicción como otra cualquiera de la que conviene liberarse.

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lunes, 1 de noviembre de 2010

¿Reforma del Tratado UE?

La cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea acaba de dar su visto bueno a la reforma del Tratado de Lisboa, a menos de un año de su entrada en vigor. Es una jugada arriesgada, y que podría salirles a Merkel y Sarkozy – patrocinadores – muy, pero que muy cara. Herman Van Rompuy, presidente del Consejo, y José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión, han intentado limitar el alcance de la reforma a la incorporación de un fondo de rescate permanente de los países con exceso de deuda, fondo que ahora existe sólo temporalmente. El problema es encontrar fórmulas que esquiven una reedición, que sería peligrosa, de los referendos – exigidos por las constituciones de varios países miembros – que bloquearon el Tratado durante años.

Si esto se hubiera planteado hace un año, yo habría defendido una reforma integral del Tratado en sus aspectos financieros y monetarios; en particular, de las reglas de funcionamiento del Banco Central Europeo, pensadas para una era de expansión que se creía ilimitada y que se han demostrado insuficientes para afrontar la crisis que atravesamos. Pero no voy a perder un instante en hacerlo ahora. Me sentaré a ver cómo el debate sobre la reforma resiste la crisis de deuda que puede estallar cuando Irlanda vuelva a los mercados en enero o febrero o marzo... o cuando quiera que se atreva a hacerlo, y no consiga de ellos lo que necesita. Entonces veremos de qué pasta está hecha la economía política de Merkel.

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