miércoles, 17 de noviembre de 2010

La economía política de hoy día

Quienes sostenían, hace mes y medio, que no había crisis de la deuda soberana en Europa, ahora desahogan sus nervios urgiendo a Irlanda a que tome una decisión sobre su rescate. Parecen sordos: Irlanda ya la ha tomado, y es negativa. El gobierno irlandés, reforzado con la red de seguridad tendida por la Unión Europea, va a tratar de cruzar el tempestuoso océano de la tormenta financiera, para llegar a mares más tranquilos. Mucho peor lo tiene Portugal. El vecino país está perdido. Las aguas podrán calmarse para Irlanda, pero Portugal carece de fundamentos como para resistirse a embates del calibre que está aguantando Irlanda. ¿Y España?

Lo he dicho y lo repito, el mar de fondo de la crisis de la deuda soberana europea, lo mismo la primavera pasada que este otoño, tiene su origen en la sospecha de los mercados, que empieza a convertirse en certeza, de que Europa se precipitó al trocar los estímulos fiscales en consolidación fiscal. Se está ahogando el crecimiento antes de que éste se haya afirmado lo imprescindible para considerarlo “sostenido”. Aquí todo el mundo es antikeynesiano, aunque pocos tienen el coraje de declararse “austriacos”. ¿En qué creen? Es la economía política del ama de casa (copyright, aquí): ningún ama de casa sensata gastaría más de lo que su marido trae a casa, y tampoco deben hacerlo los gobiernos. Nadie tiene el discernimiento para darse cuenta de que, efectivamente, no hay alternativa pero no porque no exista, sino porque Alemania no la aceptaría. Asumimos la consolidación fiscal porque de otra forma Alemania rompería la baraja, y eso nos da más miedo que ninguna otra cosa. ¿Es que no puede decirse así, sencillamente? Por lo menos Papandreu, el griego, lo está diciendo.

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@purgatecon

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