sábado, 14 de mayo de 2011

El parlamento finlandés aprueba el rescate de Portugal

Ayer por la tarde, el parlamento finlandés dio luz verde a la propuesta comunitaria de prestar, conjuntamente con el Fondo Monetario Internacional, 78.000 millones de euros a Portugal. El partido-revelación de las pasadas elecciones, Verdaderos Finlandeses, que pasó de 5 a 39 escaños de una cámara de 200, votó en contra. Debido a su decisión, quedará fuera del gobierno que se está formando y que contará con cinco partidos, todos los cuales perdieron votos y escaños hace unas semanas. Los analistas políticos del país predicen que Verdaderos Finlandeses se ha asegurado de esta forma seguir capitalizando el descontento de una gran parte de la población, que ve con terror como el gigante económico Nokia está empezando a despedir trabajadores. «¿Por qué tenemos que darles dinero cuando ellos dejan de comprar nuestros teléfonos móviles?», ésta parece ser la pregunta que se hacen muchos finlandeses y que los partidos tradicionales no aciertan a contestar. Corre el runrún de que Timo Soini, el líder de Verdaderos Finlandeses, se presentará a las elecciones presidenciales dentro de unos meses, y sus categóricos desmentidos no hacen más que confirmar las ganas que tiene de hacerlo.

En todo caso, el próximo lunes, 16 de mayo, o sea, pasado mañana, cuando se reúnan en Bruselas los ministros de Finanzas de la zona euro para discutir y aprobar el préstamo de urgencia a Portugal, podrán hacer ambas cosas sin obstáculo aparente. Nuestro vecino podrá así salir de sus apuros financieros, pero no de los económicos. El PIB portugués cayó un 0,7% en el primer trimestre de 2011 después de haberlo hecho un 0,6% en el cuarto de 2010. Oficialmente, así pues, Portugal vuelve a estar en recesión, y se espera que su economía decrezca un 2% en el conjunto del presente año.

Todos estos datos se conocen en el momento en que también aumenta la inflación en la zona euro, pese a la reciente subida de tipos de interés, lo que mete nueva presión al Banco Central Europeo para volver a subirlos. Pero esta vez el FMI se ha adelantado y advierte al BCE que no debería tocarlos, por el riesgo que añadiría para países donde los agentes económicos están sobremanera endeudados, como es el caso de alguno de los países del Este que pertenecen a la zona euro (Eslovenia, Eslovaquia) y naturalmente – aunque nadie lo dice, para mantener la ficción del «desacoplamiento» – España.

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jueves, 5 de mayo de 2011

Portugal, rescatado

El primer ministro portugués, José Sócrates, anunció anteanoche que su gobierno había llegado a un acuerdo con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional sobre las condiciones del rescate financiero del país. El préstamo conjunto de ambas instituciones ascenderá a 78 millones de euros, a devolver en tres años, al término de los cuales se espera que vuelva a ser capaz de retornar a los mercados a obtener fondos de los inversores a tipos de interés sostenibles para el mantenimiento de su déficit público dentro de los límites marcados por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Las condiciones pactadas por Sócrates parecen sustancialmente más favorables que las logradas por Grecia e Irlanda. Habiendo registrado un déficit público del 9,1% del PIB en 2010, se le impone rebajarlo al 5,9% en 2011, al 4,5% en 2012 y al 3% en 2013. Incluso aunque estos registros no van a resultar fáciles con una recesión del -2% de crecimiento del PIB en 2011, parecen accesibles a la luz del éxito logrado hasta el momento en ese empeño por España. A diferencia, sin embargo, de lo ocurrido aquí, Sócrates sostiene que no habrá que recortar el sueldo de los funcionarios estatales ni mucho menos que despedirlos – como está ocurriendo en el Reino Unido – aunque sí congelar sus ingresos y los de los pensionistas probablemente hasta el término del plan, y posiblemente despedir empleados públicos de las autoridades locales.

En todo caso, Sócrates ha sabido aprovechar bien la coyuntura para jugar sus bazas. A la vista del fracaso cosechado por la UE y el FMI en Grecia e Irlanda, donde los rescates no ayudan al retorno de las finanzas públicas al mercado, debido a que el mercado ha dado en tratar los rescates como la antesala de futuras bancarrotas de ambos países, los dos organismos necesitaban un éxito para justificar una política en la que llevan invertidos más de 200.000 millones de euros, aparentemente sin justificación para sus contribuyentes-electores. Ese fracaso ha detonado el inicio de una rebelión en Finlandia, que podría extenderse a otros países miembros de la UE, obligados a pagar rescates cuyos fondos se evaporan pagando intereses de la deuda bancaria y, presuntamente, la incompetencia de las autoridades nacionales a quienes se les confían. Todavía no se sabe el tipo de interés que se impondrá a Portugal, pero se espera que será inferior al exigido a Grecia y, sobre todo, Irlanda. La explicación de la discriminación estaría en la extrema disposición a colaborar, mostrada por el socialista Sócrates frente a la resistencia de los liberales irlandeses a elevar su impuesto de sociedades, cifrado actualmente en el 12,5%, un tipo considerado propio de «paraíso fiscal» por Alemania.

José Sócrates ha demostrado ser un político inteligente y lleno de valor. Tras negarse durante meses a pedir el rescate, presentó a comienzos de abril un plan de austeridad, que el parlamento rechazó. Entonces, él dimitió y forzó al presidente Cavaco Silva – del partido rival – a convocar elecciones. Incluso entonces, Sócrates se resistió a solicitar el rescate, por más que estaba claro que Portugal no podría atender dos pagos importantes a sus acreedores, a mediados de abril y mediados de junio. Finalmente, una huelga de bancos, que se negaron a acudir a la subasta de deuda pública, obligó a Sócrates a cambiar de actitud y a entablar negociaciones con la UE y el FMI, las que ahora han concluido. Jugando bien sus bazas, el primer ministro en funciones ha obtenido este acuerdo, que deberá ser ratificado por unanimidad de los miembros de la UE a mediados del presente mes de mayo. La valoración de Sócrates y los socialistas en las encuestas ha empezado a recuperarse ante las elecciones del 5 de junio. Su argumento de cara a la campaña es claro: si el partido quedara en minoría, el acuerdo podría peligrar; en previsión de que eso ocurra – como está ocurriendo en Irlanda, donde el nuevo gobierno democristiano no acepta dócilmente el acuerdo negociado por su antecesor liberal – la UE y el FMI se reservan el privilegio de retirar su respaldo financiero si los términos no se cumplen escrupulosamente.

Pero no todo son parabienes para Portugal en el nuevo acuerdo. Primero, éste debe superar la prueba de Finlandia, donde la alarma causada por el ascenso de la extrema derecha – contraria a los rescates – ha inducido a todos los partidos a discutir y votar en el parlamento el rescate del vecino país. Y basta con que un solo miembro de la UE rompa la unanimidad para que el rescate resulte infructuoso, lo que arrojaría a los mercados a una nueva crisis de confianza. Segundo, 12 millones de euros, del total de 78 millones pactados, se destinarán a recapitalizar a los bancos lusos. Eso son buenas noticias para la banca española, que posee una participación importante en la deuda bancaria de Portugal. No obstante, el dato revela que se va a seguir allí una política de reforma bancaria inspirada en la de aquí. Es lo más dudoso de todo el acuerdo.

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jueves, 7 de abril de 2011

Portugal pide ser rescatado

Al fin, José Sócrates tuvo que dar su brazo a torcer y, aunque se resistía a ello, ha solicitado rescate financiero de la Unión Europea; previsiblemente, también intervendrá el Fondo Monetario Internacional. En esa decisión, ha influido la escalada de tipos de interés en el mercado secundario, que acaban de superar el 9% anual cuando no llegaban al 5% a principios de marzo. Pero sin duda lo decisivo, y que Sócrates no se esperaba, es que la propia banca portuguesa amenazó a comienzos de esta semana con una «huelga» de adquisición de deuda pública en las subastas del Tesoro portugués, lo que ponía en riesgo el primer gran pago de amortización e intereses, superior a 4.000 millones de euros, el próximo 15 de abril, y no sólo el segundo, por una cuantía ligeramente superior, el 15 de junio, como aparentemente Sócrates había calculado al presentar su dimisión.

Ahora empieza un verdadero calvario para nuestros vecinos. Para hacerse una idea de lo que significa ser rescatado, baste con decir que quien debe y no puede pagar tiene voz, pero no voto. Los romanos, siempre tan lógicos en asuntos de Derecho – ellos lo inventaron – llegaron a la conclusión de que la única salida con sentido económico de una bancarrota era la esclavitud por deudas, consagrada como uno de los pilares del ordenamiento jurídico por las Doce Tablas. Esto no tiene nada que ver con la democracia, de la que todos somos devotos partidarios. Y si alguien alberga dudas al respecto, observe de qué poco sirven las airadas protestas de los griegos o los quejumbrosos lamentos de los irlandeses, que todavía sirven para menos.

Sócrates no quería aparecer ante la historia como el responsable de que su país fuera rescatado, y por una buena razón. La experiencia de Grecia e Irlanda, los dos países que han precedido a Portugal, dicta que el rescate financiero mancomunado de la UE y el FMI no reduce los tipos de interés del mercado secundario, como cabría esperar, sino que los incrementa: los de Irlanda están normalmente entre el 8 y el 9% y los de Grecia entre el 10 y el 12%. O sea, que la esclavitud es perpetua. La causa parece estribar en que el mercado considera el rescate como un puro trámite antes del fallido, es decir, antes de una suspensión de pagos seguida de reestructuración, con quita de una parte del principal incluida. Y esto es probablemente lo que pasará en los dos casos citados, ya que el préstamo, de 110.000 millones de euros en el caso de Grecia y de 85.000 millones en el de Irlanda, se va en pagar mayores intereses de la deuda, tanto soberana como bancaria, pues ambos gobiernos se han empeñado en garantizar la totalidad de la deuda preferente de sus bancos.

Ahora España pasa a estar en primera fila para la siguiente ronda de la crisis de la deuda. Dominique Strauss-Kahn, director del FMI, ha salido en defensa de España, asegurando que nosotros no vamos a necesitar rescate. En eso coinciden todos, incluidas las agencias de rating que acaban de rebajarnos la calificación crediticia. También el diario Financial Times, portavoz de la City londinense, por no mencionar todas las instancias de la UE. Cosas diferentes se dicen al otro lado del Atlántico, donde el Wall Street Journal y otros medios hablan del temor que les infunde lo que ocurre en Europa, precisamente cuando la economía norteamericana empieza a dar claros síntomas de recuperación pero, fatalidad de fatalidades, Japón acaba de tener el doble tropezón del terremoto y el accidente nuclear.

Que todos los organismos internacionales y hasta la City, de ordinario tan crítica con los países de la periferia europea – las despectivas denominaciones PIGS y PIIGS son invento suyo –, se hayan confabulado para ponderar la solidez de los fundamentos de la economía española no es en absoluto de extrañar. Grecia, Irlanda y Portugal, en el fondo, son peccata minuta; España son palabras mayores. España pesa económicamente más que todas ellas juntas. Si España se va al garete, el dinero de mucha gente en toda Europa, incluida la City, se irá al garete con ella. Es verdad que la deuda soberana española no es tan cuantiosa como la de los tres países rescatados, pero no es la deuda soberana, sino la bancaria, lo que realmente importa. Si los bancos españoles se van al traste, el crédito del Estado va detrás, porque el gobierno español – lo mismo que los otros tres gobiernos – se ha empeñado en garantizar la deuda bancaria en su totalidad. Y el riesgo es claro e innegable: los bancos españoles, colectivamente, son el primer acreedor de Portugal, con un tercio del total de su deuda.

Llevo bastante tiempo sosteniendo, sin que se me haga mucho caso, que ni el FMI ni la UE ni el Financial Times ni las agencias de rating son realmente los mercados. Por aquí se hace un totum revolutum de todo eso (lo que llamo el capitalismo global), y como nada de eso gusta, pues ¿para qué distinguir? Pero yo digo que hay que distinguir: una cosa son los mercados y otra muy distinta la tecnocracia económica y mediática que intenta influir sobre ellos. Ahora que la tecnocracia económica y mediática pretende convencer a los mercados de que España no está en riesgo – si realmente no lo estuviera, ¿por qué habría que repetir machaconamente que no lo está? – me temo que los mercados pueden dar una desagradable sorpresa a muchos y demostrar que a ellos no los manipula nadie. Para mis lectores será desagradable, pero no sorpresa.

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sábado, 2 de abril de 2011

La agonía de Portugal

Ayer, el Tesoro portugués logró colocar 1.645 millones de euros en letras con vencimiento en junio de 2012 a un interés significativamente menor que el esperado por los analistas; si éstos pronosticaban alrededor del 6,4% anual, el subastado ayer es del 5,8%. Esto supone un respiro, toda vez que Portugal se encuentra inmersa en una carrera contra reloj para devolver unos 9.000 millones de euros entre el 15 de abril y el 15 de junio, en dos pagos casi iguales repartidos entre ambas fechas. Los analistas creen que Portugal ha ido acumulando tesorería para el primer pago pero carece de suficiente para el segundo. Lo obtenido ayer reduce un tanto la incertidumbre.

Aunque la situación se aclare a corto plazo, empeora a ojos vistas a medio y largo plazo. Portugal no está haciendo otra cosa que comprar tiempo. Por el plazo de amortización de la deuda emitida ayer, los problemas de hoy se reproducirán por estas fechas el año que viene. Es más, el Tesoro portugués tiene que emitir letras a corto plazo porque el interés de los bonos a largo ha alcanzado cotas prohibitivas – superiores al 8% – a lo largo de esta semana. El comportamiento del mercado significa, no que los operadores dudan de si Portugal tendrá que ser rescatada muy pronto (eso nadie lo duda), sino si, además de ser rescatada, tendrá que reestructurar su deuda dejando de pagar una parte de ella. En esto los operadores parecen creer que la reestructuración, es decir, el fallido de Portugal se producirá en algún momento entre 2013 y 2021, pese al rescate. Es ésta convicción la que ha llevado al primer ministro José Sócrates ha evitar a toda costa el rescate: éste no evita el fallido, sino que, por el contrario, hace subir rápidamente los tipos de interés que se paga por la deuda, ya que el mercado ve en él únicamente un paso previo al fallido. Y así el fallido se convierte en una profecía autocumplida. Está empezando a demostrarse que el mecanismo comunitario puesto en marcha en mayo de 2010, sencillamente, no funciona.

El panorama es desalentador. Anteayer, Portugal reconoció que su déficit público en 2010, en vez de ser el 7,3% del PIB, a que se había comprometido el gobierno, ha resultado ser el 8,6%. Posiblemente, ése es el dato que manejaron la presidenta de Brasil y su ministro de Finanzas para descartar la compra masiva de deuda portuguesa, que habían estado estudiando. Si la dimisión de Sócrates la semana pasada era innecesaria, como le reprochan las agencias de rating, dada la magnitud de los problemas del país, prácticamente habría sido obligada ahora. En mi opinión, Sócrates ha calculado muy bien los tiempos. Adelantó la dimisión para hacer que las elecciones fueran antes del segundo plazo de devolución de la deuda, como efectivamente ha ocurrido: el 5 de junio, antes del 15 de junio. Así, deja la patata caliente de pedir el rescate (a lo que él ha tenido la picardía de oponerse desde ya) a su sucesor. El propio presidente, Aníbal Cavaco Silva, ha opinado que el gobierno en funciones podría pedir el rescate, si fuera necesario. Pero el ministro de Finanzas ha respondido que no, que no la tiene. En todo caso, Sócrates sabe que puede hacer el pago del 15 de abril – y más, con ayuda de lo conseguido ayer – y dejar las arcas vacías o medio vacías a su sucesor, que no tendrá más remedio que ponerse en manos de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

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viernes, 1 de abril de 2011

Portugal, condenado al rescate

Hasta hace pocos días, y desde hace varios meses, se venía especulando con que Brasil y Macao – bajo la soberanía de la República Popular China, pero con administración económica y financiera autónoma –, dos de las antiguas colonias portuguesas, podrían ayudar a Portugal a sortear sus dificultades con la deuda. Se habló de la aportación brasileña en diciembre de 2010, de la de Macao en febrero pasado, y todavía este último martes la nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, reiteró su buena disposición a contribuir a que Portugal superara el difícil trance. Concretamente, dijo: «Estamos estudiando el mejor modo de participar en el proceso de recuperación económica de Portugal… Una de las posibilidades es adquirir parte de su deuda soberana». Estas declaraciones habían contenido en cierta forma a los mercados, pues suponían que Brasil estaba dispuesto a un virtual rescate de su antigua metrópoli, si no total al menos sí en parte, con un coste social muy inferior al que supondrá el rescate por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Todas estas esperanzas se han dado al traste hace pocas horas, cuando el ministro de Finanzas ha desmentido a su presidenta, indicando que Brasil no proveerá a Portugal de ayuda financiera directa; a preguntas de los periodistas de si Brasil al menos adquirirá alguna cantidad de bonos portugueses, el ministro ha respondido: «Probablemente, no». Estas declaraciones las hacía poco después de salir de una entrevista con la presidenta y poco antes de presidir una reunión del Consejo Monetario Nacional, cuyo dictamen es necesario para la definición de ciertas políticas económicas.

Portugal se ha quedado solo ante el peligro. Parecería que el presidente portugués Cavaco Silva hubiera estado esperando la noticia. Otro resultado habría permitido, quizá, al primer ministro Sócrates intentar un postrer acuerdo con la oposición social-demócrata, sobre la base de un programa un poco menos duro que el rechazado la semana pasada por el parlamento luso. Ahora, cualquier acuerdo es inviable. De conformidad con esa percepción, el presidente ha convocado elecciones generales para el 5 de junio. Se abre así un periodo de dos meses que va a suponer un auténtico calvario para nuestros vecinos. Y también para nosotros.

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miércoles, 30 de marzo de 2011

Alemania, Portugal, España y la crisis de la deuda

Cada uno interpreta a su manera los hechos que van ocurriendo, y debo confesar que no me convence la de otros. Se dice que los democristianos han perdido las elecciones regionales en Baden-Württemberg por los bandazos de Merkel en política energética. Quienes así se manifiestan – el lobby nuclear – no tienen ni idea o mienten a conciencia. Si acaso, esos “bandazos” han impedido que el descalabro democristiano fuera mayor. El principal efecto de Fukushima ha consistido en provocar un trasvase de votos a los verdes desde los socialdemócratas, muy desdibujados en los últimos meses. La pérdida de votos del gobierno – el partido liberal casi ha desaparecido del mapa político de los länder disputados – tiene que ver más con el descontento popular acerca de los asuntos europeos que con ninguna otra cosa.

Donde los alemanes ven que Angela Merkel está cediendo en demasía es en la crisis financiera. En su mayoría, los votantes opinan que el gobierno apoya en exceso a los bancos y muy poco a las capas más desfavorecidas de la población. El descontento se convierte en enfado cuando se percibe que Merkel emplea dinero de los contribuyentes en sostener no sólo a los bancos alemanes sino también a bancos de otros países europeos, como Grecia, Irlanda, ahora Portugal y quizá en un futuro no muy lejano también España. Parece el cuento de nunca acabar. Las explicaciones de los tecnócratas de turno, empeñados en que el sistema bancario – no sólo alemán, sino lógicamente de toda la zona euro – es imprescindible para el buen funcionamiento de la economía, no terminan de convencer. Sobre todo cuando parece evidente que hay alternativas, pero siempre se gira en la misma dirección. En este sentido, la crisis de Irlanda ha sido demoledora para la confianza del público alemán en la canciller. El anterior gobierno irlandés, de signo liberal, se obstinó en garantizar hasta el último euro de la deuda preferente de sus bancos, mientras Merkel porfiaba que los acreedores de la banca irlandesa – británicos, en su mayor parte – deberían compartir con el contribuyente alemán el coste de la crisis. Pero el gobierno irlandés tuvo entonces el apoyo del Banco Central Europeo – la tesis de la garantía absoluta todavía lo tiene – porque los acreedores bancarios son en su mayor parte otros bancos, y hacer que estos compartan los costes equivale, ni más ni menos, a hacer aflorar pérdidas que pondrían en peligro la confianza en el sistema bancario de toda la Unión Europea. Piénsese, por ejemplo, en Portugal. Un tercio de su deuda bancaria, unos 77.000 millones de euros, está en manos de bancos y cajas españoles; si se les obliga a compartir el coste de la crisis una fracción de esos activos se convertirá en humo, y están los bancos y cajas españoles como para volver a recapitalizarse de inmediato para tapar el agujero que podría surgir de esa forma. Todas estas cosas no se le ocultan al votante alemán, que está mejor informado y tiene más criterio que el español, por ejemplo. Un poco de su perspicacia no nos vendría mal, ya que tanto se habla del “modelo alemán” y sus virtudes.

Y debo confesar que Merkel empieza a despertar mi sincera admiración. Llevo más de un año diciendo, por activa y por pasiva, que la política alemana nos lleva al desastre. Pero, al César, lo que es del César, su habilidad es pasmosa. Ha encajado el resultado electoral dando la razón al lobby nuclear y reconociendo que Fukushima es la causa de su derrota, para reafirmar a renglón seguido su fe del converso en las renovables: el accidente nuclear ha venido a ser algo así como su particular caída del caballo en el camino de Damasco. En realidad, lucha por yacimientos de votos donde los democristianos nunca se habían atrevido a pescar. Ella conoce mejor que nadie la verdadera causa. Hacerse la tonta le proporciona margen de maniobra para seguir machacando, erre que erre, en la sombra. Anteayer, el ministro de Agricultura del nuevo gobierno irlandés – correligionario de Merkel – ya ha dicho que habría que considerar la posibilidad de que los acreedores bancarios compartan el coste de la crisis. En cierto modo, era inevitable porque los intereses de la deuda bancaria están devorando los 89.000 millones de euros del rescate de noviembre; hay que cortar esa sangría, ya que de otro modo los rescates no servirán para nada y toda la estrategia europea frente a la crisis se vendrá abajo. Poco a poco, Merkel va a ir sacando adelante su política, mal que les pese a los tecnócratas.

Esta perspectiva es crucial para entender en qué situación se encuentra España. Si el reparto de sacrificios con los acreedores bancarios se termina imponiendo como condición para los rescates, el pánico volverá a desatarse en los mercados. Es lo que trata de evitar el BCE, pero ¡al diablo con el BCE!, debe pensar Merkel. El viernes pasado, la cumbre comunitaria fracasó estrepitosamente en diseñar un mecanismo permanente de rescates financieros en la UE; aprovechando la dimisión del gobierno portugués, Merkel lo ha dejado todo en suspenso hasta que se acepte esa condición. El tiempo juega a su favor y en contra nuestra. Mientras el Banco de España, fruto de la autocomplacencia y debilidad con que está afrontando la crisis, pierde el tiempo con cuatro cajas de ahorros que tendrían que estar intervenidas y en proceso de liquidación desde el lunes 28 a las 24.00 horas (pero ¿qué hacer con los depósitos?: el BdE no puede ni siquiera planteárselo pues no se ha preparado adecuadamente), nuestros bancos y cajas, que mancomunadamente constituyen el primer acreedor de Portugal, echarán cuentas de qué pérdida habrán de encajar en cuanto se acuerde el rescate del vecino país. Y si sus cálculos les llevan a pensar que la pérdida en ese caso puede ser mayor que la que sufrirían vendiendo sus activos portugueses ahora, nuestros propios bancos y cajas serán los que desaten el pánico.

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viernes, 25 de marzo de 2011

No es Portugal: se trata de España

Tan sólo 24 horas después de que el ministro Sebastián dijera en Nueva York, en la conferencia sobre estrategias de inversión en España organizada por Bloomberg, que nuestro país es solvente y que está siendo injustamente emparejado con países menos confiables, como Grecia, Irlanda y Portugal, llega Moody’s y rebaja la calificación crediticia de 30 bancos y cajas españoles, en algunos casos de forma drástica, casi al nivel de los bonos basura, al tiempo que el Banco Internacional de Pagos de Basilea publica la exposición de nuestra banca a la crisis de Portugal, lo que viene a confirmar el juicio de Moody’s. Y todo esto ocurre sólo una semana después de que el Banco de España revelara que buena parte de los beneficios previstos por la banca está siendo devorada por el incremento de la morosidad.

Otro dato, cuya importancia es incierta pero no deja de ser significativo, es que el Royal Bank of Scotland (RBS) acaba de subastar activos crediticios a promotores inmobiliarios y títulos hipotecarios emitidos por bancos españoles, con un nominal de 1.000 millones de libras y adjudicados por un efectivo de 286 millones de euros; esto supone una valoración de mercado al 25 por ciento del nominal, aproximadamente lo mismo a como estaba valorada la deuda de la banca irlandesa en el momento de solicitar este país el rescate financiero el pasado mes de noviembre. En esta ocasión, el mejor postor ha resultado ser Perella Weinberg Real Estate Fund, cuya intención podría ser hacerse con los activos hipotecados para venderlos a un precio que encuentre pronta salida en el mercado. Lo cual sólo sería el principio de los 13.000 millones de activos declarados tóxicos por RBS y de los que quiere deshacerse en los próximos años. Si esta conjetura tiene alguna base, los fondos-buitre como el mencionado podrían entrar a dinamizar el mercado inmobiliario español, fijando sus precios en niveles más realistas, muy inferiores a los actuales (quizá un 50% inferiores), lo que obligaría al resto de la banca a actualizar los precios de sus propios activos haciendo aflorar pérdidas hasta ahora encubiertas.

Yendo a lo más acuciante, la exposición de los bancos y cajas españoles a la deuda de Portugal ronda los 77.000 millones de euros, es la mayor del mundo y supone, por sí sola, un tercio del total. Hay, así pues, una gran diferencia con las crisis de Grecia e Irlanda, donde los riesgos eran mínimos: unos 1.000 millones, ó 0,5% del total en Grecia, o al menos soportables: unos 12.000 millones, ó 2,1% del total en Irlanda. Si Portugal tiene que ser rescatada, nos va a afectar de forma mucho más intensa que todo lo vivido hasta ahora y, lo que quizá es peor, nadie lo va a pasar tan mal como nosotros. Esta vez, los británicos, que aguantaron el tirón con Irlanda, van a ser mucho más duros y unirán su voz a la de Merkel, que lleva tiempo pidiendo – y en esto no le falta razón – que los acreedores de los bancos soporten parte de la pérdida, liberando de esa parte a los gobiernos. Y yo diría que España no tiene voz ni voto en Europa para impedir que parte de los activos de nuestros bancos y cajas se evapore como por ensalmo.

El gobierno continúa empeñado en la estrategia equivocada. Decir con aplomo que todo va bien y que el gobierno se hará cargo de los desperfectos ya no convence a nadie. No es cosa de decidir si algún banco o caja va a caer, sino de cuántos va a haber que dejar caer, y no a plazo de septiembre sino probablemente antes. Si el gobierno se hiciera cargo de la inminencia del peligro que se cierne sobre nosotros y de las proporciones de lo que se avecina, tendría que estar estudiando esquemas para salvar los depósitos dejando caer el resto del pasivo de las entidades que ya son insalvables. De todos los errores del gobierno Zapatero, fallar ahora en esta crucial tarea será con mucho el más imperdonable.

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jueves, 24 de marzo de 2011

Portugal, al borde del rescate financiero

El parlamento luso ha rechazado el cuarto plan de ajuste propuesto por el gobierno socialista. Al primer ministro, José Sócrates, no le quedaba otra salida que dimitir. Ha dimitido. Los medios en España se felicitan porque esta nueva ronda de la crisis de la deuda soberana, aparentemente, no esté afectando a España. Mientras los intereses de Portugal se van al 8 por ciento – cifra que rondaban Grecia y Portugal cuando tuvieron que ser rescatados – el diferencial del bono español con el bund alemán se mantiene en los niveles más bajos desde octubre.

Pero quedarse en eso es conformarse con las apariencias. La situación de España, de cara a un posible rescate, es apreciablemente peor que hace seis meses. Para empezar, el gobierno ha afirmado por activa y por pasiva su determinación de apoyar a la banca española en cualquier circunstancia, hasta llegar a la nacionalización si fuere preciso. Esto es justo lo que necesitan los mercados para especular a sus anchas con lo contrario, sin miedo a forzar un rescate que dejará intactos los intereses de los acreedores bancarios. En segundo lugar, a España se le está exigiendo que aporte 83.000 millones de euros más al Fondo Europeo de Estabilización Financiera, lo que supondrá aumentar de golpe en un 8 por ciento la deuda pública. Tercero, algo que ha pasado desapercibido a los observadores: España, cuyas finanzas no están para tirar cohetes, se ha embarcado en una guerra (en Libia) que no dejará de afectarlas negativamente. No sólo eso; España, en ese asunto, está contradiciendo claramente la política de Alemania, que no dejará de recordárselo en fechas próximas. Cuando los mercados aten todos los cabos sueltos, España estará en el ojo del huracán. Pero no hay prisa: eso será después del rescate de Portugal.

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viernes, 11 de marzo de 2011

Macrorregiones

En tiempos en que tenía amigos en la Xunta de Galicia, ellos me pidieron un papel sobre la posibilidad de constituir, al amparo de la normativa comunitaria, una macrorregión que integrara a Galicia y el Norte de Portugal. La idea me pareció interesante, la estudié con cariño y al cabo de unos meses redacté un informe sobre los vínculos históricos entre las dos, las sinergias actuales y las oportunidades que una hipotética colaboración abría para el futuro. El asunto no llegó a más por cosas de la política. Ahora constato que el PP continuó con aquello, incorporando a otra de las comunidades autónomas que gobierna, Castilla y León, que incluso parece haber liderado el proceso. Con fecha 17 de septiembre de 2010, se constituyó la macrorregión de Regiones del Sudoeste Europeo (RESOE), a la que se empieza a dotar de contenido con un ambicioso proyecto de infraestructuras para el automóvil eléctrico, justificado por la importancia que la industria de fabricación tiene en las tres regiones. Mi idea de la macrorregión era distinta; estaba basada más en la comunidad de servicios públicos que en la industria, pero hay que reconocer los aciertos cuando son evidentes.

Hace casi un año, al hilo de la retirada del parlamento de la Nación del nuevo estatuto de autonomía para Castilla-La Mancha, como todos recordarán a causa del problema del agua, propuse la creación de una macrorregión que agrupara a Castilla-La Mancha, Extremadura y el Centro de Portugal, para realizar una gestión eficiente y a la vez rentable del río Tajo, de forma que este recurso natural se convirtiera en una fuente de ingresos para las tres. No se me hizo caso, quizá porque algunos creen que los derechos sobre el agua de un río pertenecen en exclusiva a la comunidad autónoma en que están localizadas sus fuentes (tesis rechazada por el Congreso), quizá porque la solución que yo proponía – una solución de mercado – sonaba desagradablemente en los oídos de quienes opinan que el mercado es inapropiado para resolver esta clase de problemas, quizá en fin porque este blog es demasiado modesto como para que lo lean las personas que tienen capacidad de decisión en estos asuntos. Sea de ello lo que fuere, el caso es que mi propuesta de macrorregión del Tajo, o si se prefiere de “Regiones del Centro de la Península Ibérica (RECEPI)” (¿pillan el latín?), sigue durmiendo el sueño de los justos.

Pero lo tiempos que corren son los que son. Quedarse atrás en estas cosas es perderse en el arroyo de la historia. Castilla-La Mancha no puede continuar siendo una comunidad aislada en el centro de la Península Ibérica, ahora incluso sin caja de ahorros propia. Se precisa una enérgica voluntad de resistencia a la adversidad, probar nuevas fórmulas, abrirse al mundo. La posesión común del Tajo, recibida de Dios o de la naturaleza, como se prefiera ver, es un motivo de unidad entre las tres. Lo que el parlamento español ha rechazado porque provenía de una única región española, tendrá mucho más difícil rechazarlo si viene apoyado por dos regiones españolas y una portuguesa. ¿Captan la idea? No es el mercado, es la unión estratégica, imprescindible en un mundo cada vez más globalizado.

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miércoles, 2 de marzo de 2011

Portugal se mueve hacia un punto de no retorno

Mientras aquí se da por concluida la crisis de la deuda en lo que pueda afectarnos, y alejado el pánico del pasado otoño, el país se dedica a las cosas que de verdad importan, como quién sucederá a Zapatero y en cuánto se amplía la ventaja en los sondeos del PP sobre el PSOE, el magnate George Soros, promotor y gestor de algunos de los mayores hedge funds del mundo, pronostica que la crisis de la deuda, lejos de haberse conjurado, está en una fase latente nada más que para estallar con renovada fuerza y engullir en ella a nuevos países de Europa y quizá otros fuera de ella. Estoy con Soros. Vengo sosteniendo que el origen de la crisis de la deuda soberana está en la sospecha profunda de los mercados de que la zona euro, y después también el Reino Unido, se equivocaron soberanamente al emprender políticas de consolidación fiscal cuando las economías todavía no habían alcanzado tasas de crecimiento lo suficientemente elevadas como para verse afectadas solo de forma moderada por semejantes políticas. Los mercados han temido, y todavía temen, que las políticas de consolidación fiscal arrojen a las economías europeas en una nueva y severa recesión que hunda la recaudación tributaria y cercene de raíz las posibilidades de devolver la deuda acumulada. Datos como el crecimiento negativo del Reino Unido – segunda patria de Soros y al que subliminalmente se refiere al hablar de “otras economías europeas” – en el cuarto trimestre de 2010 vienen a abonar esa sospecha.

Una cosa es cierta: ahora mismo, los mercados no sienten una preocupación especial por España, pero por la única razón de que están atentos a lo que ocurra con Portugal. Muchos dan por descontado el rescate de este país, vecino nuestro. El gobierno socialista, en minoría parlamentaria, se resiste, porque con toda probabilidad una ocasión así sería lo esperado por la oposición centrista del Partido Social Democrático (PSD) para presentar una moción de censura y derribar al gobierno. Si el PSD no ha presentado todavía esa moción, o ha rehusado apoyar la presentada por la minoría de izquierdas de la cámara, es porque su triunfo desataría el pánico de los mercados y obligaría al rescate, con el PSD apareciendo como responsable de lo que muchos considerarían un desastre nacional. A la espera de una ocasión mejor, el PSD ha firmado un acuerdo con el gobierno para inspirar confianza, extremando así los gestos de responsabilidad por parte de quien está predestinado a coger las riendas del gobierno. El problema es que, sin moción de censura, no habrá elecciones hasta finales de 2013, y nadie piensa que un plazo tan dilatado sirva para arreglar las cosas, sino probablemente todo lo contrario. Así las cosas, bastaría que el crecimiento de Portugal, castigado por las severas medidas de ajuste presupuestario adoptadas en 2010, fuera negativo un solo trimestre para que los mercados, rozando la histeria, protagonizaran sesiones de infarto como las vividas el pasado otoño en relación con Irlanda. Todo lo cual, cuando por segundo mes consecutivo el paro sigue creciendo en nuestro país de forma alarmante, no podría dejar de afectar a nuestro crédito internacional sino muy desfavorablemente.

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